Hace poco mas de dos años pasamos por una de las experiencias mas fuertes de nuestras vidas.
Hace dos años nos enfrentamos
a nuestro destino y le vimos a los ojos. Y ella nos sonrió.
Hace dos años, al fin tuvimos certeza de nuestro deber ser. Y el deber fue el querer. Porque ella fue lo que quisimos. Y ella es lo que queremos. Completamente.
Y fue hace dos años…
El viernes Martina estuvo de cumpleaños. Y estuvimos de fiesta. Y la fiesta duró tres días. Termino recién hoy a las nueve de la noche.
Y la celebramos. Y ella sintió el amor de toda su enorme familia.
Abuelos y abuelas. Tíos y tías. Bisabuelas, mas tíos y tías abuelas. Y muchos niños.
Y ella nos regaló todo su amor. Claro, en sus formas. Con sutiles sonrisas. Con pequeñas conversaciones. Con miradas cómplices. Nadie se fue sin recibir al menos un poco de eso que ella entrega.
Y así fueron estos días, llenos de aquella sensación que te llena cuando estas en familia. Como que estaba en el aire. Especialmente entre nosotros. Los cuatro. Y nos hacía falta. Y estuvimos particularmente cariñosos todos. Los cuatro. Para los cuatro.
Te amamos hija. Las amamos tanto.




















Ops, creo que llegué tarde a la celebración (aunque duró días)
Pero, reza el dicho: “Más vale tarde que nunca”
Felicidades a todos, a tu hija, a la familia, a ti; a uds, a todos los que se ven bendecidos con las sonrisas de tu hija.
Saludos,