La rutina previa al sueño nocturno comienza con el aseo de manos, cara y dientes. Primero las manos, luego la cara para terminar con los dientes. Esto último lo mas complicado, aunque con un “faltan los dientes papá” me lo recuerda todas las noches apenas termino con su cara.
Desde que me hice cargo de esta rutina relevando a Pamela, al lavarle la cara ella saca la lengua todo lo que puede intentando robarme algo del agua.
En un principio lo tomé con gracia y jugaba a atraparla y esas cosas a ratos vergonzosas que uno hace con sus niños. Pero con el tiempo ya causaba menos gracia así que intenté corregirla: “Saca la lengua Martina”. Evidentemente no tubo resultado. Y como no es importante, y tampoco molestaba tanto, la deje con su juego. Y todos los días repetíamos: “Saca la lengua Martina”, y ella no se daba ni por enterada.
Hace un par de días le dediqué un par de segundos a analizar la situación mientras me langüeteaba la palma de la mano durante el refriegue de limpieza de su rostro. Y en ese momento es donde se justifica haber estudiado dos carreras relacionadas con la informática, lo que corresponde a un total de 7 años dedicados a perfeccionar mi razonamiento lógico, di con la solución y la puse de inmediato en practica: “Mete la lengua Martina”.
Y problema resuelto.





















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