Las polleras de Chile

En casa soy el único hombre. Y mis mujeres lo hacen sentir a cada instante.

Somos distintos. Anoche estábamos los 4 “echados” en la cama viendo noticias y regaloneando, poco antes del discurso de Bachelett, cuando tocan el timbre. Era mi madre y mi hermana, mis tías Paty y Vale, y la Isa, prima he hija de la Paty.

Fue una visita corta, venían a saludar amujer mis hijas. Al parecer andaban celebrando.

Las hermanas (mi vieja y mis tías) llevaban una chapita de “Bachelett presidenta” o algo así. Venían felices, casi eufóricas (aunque ellas suelen andar en ese estado cuando van juntas), me abrazaron al saludarme y se les notaba la alegría.

Entraron, saludaron grande y apretadamente a mi mujer y mis hijas.

Y vimos el discurso de la presidenta electa. Se emocionaron, se sonreían y le explicaban a Martina que aquella era la nueva presidenta.

En ese instante me percaté que no había caído en cuenta de cuan importante es para algunas mujeres ver a una congénere envestida con la banda presidencial.

Evidentemente no a todas les interesa, pero si a un buen porcentaje.

Vi a la mujer post 40, aquella que fue criada con una visión distinta a la que fuimos criados nosotros (los treinteañeros), aquella que fue criada bajo un régimen machista autoritario, aquella que ha sufrido toda su vida por no tener pene, aquella que ha sido maltratada, humillada, vejada por su pareja, por sus hermanos varones, por su padre, por sus hijos. Por nosotros, por los hombres.

Ellas tres, o lo han sufrido en carne propia, o lo han visto muy de cerca.

Las tres están relacionadas profesionalmente con temas sociales fundamentalmente de la mujer. No son feministas, pero si trabajan día a día con mujeres a quienes la discriminación por su genero ha mermado sus posibilidades.

Ver a Michelle, una igual, otra mujer, que piensa como mujer, actúa como mujer, tiene vagina, se indispuso en sus años fértiles, tuvo contracciones y parió tres crías.

Que es madre soltera (o separada), que se hace cargo de sus hijos, dueña de casa y trabaja asalariadamente.

Que amó tan intensamente como solo las mujeres saben hacerlo. Sufrió tan intensamente como solo las mujeres saben hacerlo. Es verse a ellas mismas. Es ver a quien es capaz de comprenderlas.

Ahora lo entiendo. O al menos creo entenderlo.

Después de todo, simplemente soy un hombre.

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