El monstruo

A mis 19 años conocí a una linda chica con la que al poco tiempo trabamos un romance bastante serio para lo que estaba acostumbrado por aquella época. Ella era encantadora, muy atractiva, inteligente, simpática, con mucho ángel. Me gustaba bastante y lo cierto es que por aquellos años necesitaba experimentar algo más de seriedad.

Llevábamos algo más de dos semanas saliendo, y me pidió que la fuera a buscar a su casa para salir juntos. Conocía bien donde vivía, pero nunca había ido. Días antes me confidenció que por pudor o miedo jamás le había presentado un pololo (novio) a sus viejos (padres). Me contaba que su papá era bastante tradicionalista y autoritario, y me relató la vez en que golpeó a un muchacho porque pensó que la había besado. ¬¬’el mostruo

En resumen, la imágen que me dibujó de aquel hombre era la de un monstruo. Celoso, violento, machista y el consentido de la casa (eran tres hermanas, la madre y él, el único hombre de la casa). Y quizás que otros males pasaban por mi cabeza. Bueno, mi imaginación también ayudó a exagerar la figura que finalmente se convirtió en algo muy parecido a lo que revela la imágen de la derecha.

Confieso que con estos antecedentes me daba un poco de miedo aparecerme por su casa. O sea, trenzarme a golpes con el tipo sería un impedimento para el normal desarrollo de nuestra incipiente relación.

Pero aquella tarde estaría sola en casa. Era llegar, tocar el timbre, esperar a que salga y largarnos. No había posibilidad de que papá me golpeara, porque jamás me vería. Así que llegué, toque el timbre, ella se asomó por la puerta y me hizo pasar. Entre a la casa, nos saludamos y me hizo tomar asiento mientras se terminaba de arreglar he iniciamos una de esas típicas conversaciones a gritos mientras ella entraba y salía del baño a su pieza y de su pieza al baño.

En el ir y venir, mira por la ventana a la calle, se concentra y al segundo una mueca desfigura su rostro.

Era miedo.

El silencio se rompe con un lúgubre “Llego mi papá”. Me di la vuelta y miré por la ventana. Tras la reja se estacionaba un auto con toda la familia dentro: mamá, hermanas menores y el monstruo. Mi cara también debe haberse desfigurado.

De pronto ella grita: “Rápido, a la cocina!”. Instintivamente me arrojó al suelo para no ser visto desde la calle, y a punta y codo me arrastré por el living, pase por el comedor y me interné en la cocina, momentáneamente a salvo de miradas monstruosas.

Una vez refugiados nos dimos cuenta de lo inseguro del lugar. No había alternativa, debía huir hacia el patio.

Salí por el costado de la casa y avancé hacia el fondo del jardín agazapado contra el muro. Encontré refugio detrás de unos matorrales y ahí me escondí… y esperé. Y así transcurrieron 10, 15, 20 minutos o tal vez mas. Escondido tras los matorrales, en silencio.

De cuanto en cuanto me asomaba por el muro trasero de la propiedad y miraba a la casa colindante. Planeaba escapar por ahí. La casa parecía estar sola y si corría lo suficientemente rápido el perro que dormitaba en el antejardín no me daría alcance.

Y en eso estaba, planeando mi escape, cuando se abre la puerta de la cocina y sale una de las hermanas. La que le sigue en edad. Camina hacía el centro del patio donde colgaba ropa esperando secar. Mientras, yo trato de fusionarme con los matorrales para no ser visto.

Ella miraba y miraba insistentemente hacía donde yo me escondía, como buscando algo, o a alguien. De pronto dice: «Brian…?», y repite «Brian!!»… «Que!?», «ven, te voy a ayudar a salir».

Que grandes las hermanas menores!

Al oír esas hermosas palabras todas juntas y en ese orden se me alivió la carga. Salí de entre los matorrales y corrí tras ella. Nos dirigimos hacia el costado de la casa contrario al costado por el que había salido.

Ese era el garaje. Una suerte de habitación llena de cajas, mucho polvo y escasa luz. Un portón de madera daba a un antejardín de un par de metros de largo, luego la reja y mas allá la calle y la libertad.

El problema: el monstruo aún estaba en la calle, junto a su auto, haciendo no se que, de seguro aguardando para darme una muerte lenta y dolorosa.

Volvía a estar atrapado, la hermana (mi salvadora) había vuelto al interior de la casa para que nadie sospechara. Y desde dentro ella y su hermana mayor llamaban a papá para que entrara a tomar once.

Y cada llamado respondía con un desabrido “ya voy…”.

Y yo esperando detrás del portón que semiabierto me permitía verle solo en parte. Aún no lograba tener una imagen de el, su estatura, su contextura física, nada que me permitiera hacer un improvisado FODA para evaluar si tenía alguna posibilidad de ganarle a los combos o al menos prever el daño con el que saldría tras la golpiza.

Tanto le insistieron mis salvadoras en que entrara a la casa, que al final obedeció. Camino por el antejardín y en un último instante, justo antes de penetrar la puerta de entrada y seguramente alertado por el mismísimo diablo, se percató que el portón tras el que yo me escondía y del que distaba solo unos 3 metros, se encontraba unos centímetros abierto.

Inmediatamente se dirigió hacia mi.

No se como, pero una reacción gatuna y de sobre vivencia se apoderó de mi. Dos brincos y un piquero tras unas cajas, en un piso empolvado que con mi caída formó una nube de polvo y dejo oír el golpe sordo de la caída.

Tras mi aterrizaje, oigo el CLAC que me indica que el portón había sido cerrado. Espero unos minutos y salgo de mi escondite. Me acerco al portón y con algo de risa nerviosa descubro que el portón no se habría desde el interior.

Nuevamente prisionero, solo me quedó esperar. Pero esta vez la espera fue corta, a los minutos aparece nuevamente aquella hermana salvadora, que entre risitas abre el portón, me conduce a la reja de calle y me devuelve la tan anhelada libertad.

Le doy las gracias y corro. No se porque, ya no tenía de que huir. Pero corro. Y río. Y aún me río.

9 Responses to “El monstruo”


  • Wuuoouuu!!

    la verdad me mate de la risa, he imaginaba toda la situacion, me envolvi demaciado, la he vuelto a leer nuevamente y sigo riendome he imaginando tu rostro jajajaa….

    lo divertido es que se me viene a la mente el comentario de las princesas, donde dices que seras como el terror de los novios de tus hijas, conte que ya tienes perfectamente el papael que debes de utilizar, ya lo viviste, que mas da ahora si poder robar algo de aquel monstruo que te hiso templar.

    ahora que paso con la chica, nunca mas la volviste a visitar ?

    saludines.

  • Ja!…

    Con la chica pololeamos algo de 3 años.

    Y como seguí la historia con el viejo es suficiente material como para uno o dos post extra, así iré contando de a poco para que mis pocos lectores se aburran.

  • jejejejejeje, esto me hizo reir a mi a tres compañeros mas, jejejeje, puta que mala suerte la tuya, te imagino corriendo por la calle como si el dieblo te alcanzara, la misma pregunta que la diosa, que paso con la chica?, la volviste a ver, eso es lo que mas pena me daba de los pololos, pobres tener que soportar las preguntas de los padres,

    Ahora, Brian como te imaginas que seras tu con tus hijas, tambien le haras lo mismo a sus pololos, todo un ogro?

    aun me rio esta muy bueno chiko riko

  • wiii!! tendremos mas historias!!

    jajaja oie cexi tay mas perdida jajaja…

    y a mi me da la tincada que sera peor!!…. pobres hijas, pobres pololos jajajaa

    bueno yo kiero saber el desenlase de la historia….

    adiosin.

  • Se me vino a la cabeza el momento exacto en el que el padre de mi novia me abrió la puerta de su casa despues de saber que su hija regalona estaba embarazada…

  • jajajajaja qué buen cuento!!!!! aunque la foto lo dice todo
    y quién sabe, quizá en el fondo era un viejo de lo más tierno :p

  • La verdad, no es un cuento, es 100% real.

    Siquiera exageré!

  • me cage de la risa.. lo felicito señor brian siempre me impacta con sus historias jajaj “escapistas”

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