Ayer le pagué $45.000 a un tipo que terminó diciendo que le impresionaba mi fuerza interior. Esto porque teniendo todo para terminar “perdido” por la vida, no lo hice.
También dijo que el “chico bueno” no me sale innato. Mas bien es una lucha constante entre dos personajes: Uno descarriado, flojo, reventado, drogo, lujurioso del tipo pajero compulsivo, hediondo a sobaco y patas y sumamente narcisista. El prototipo del canalla.
Y el otro, el que sabe quien quiere llegar a ser en la vida. O al menos sabe quien no quiere llegar a ser. Notese que no hablo del “que”, si no del “quien”.
Aún no tengo del todo claro si esta teoría es del todo cierta. Pero me hace mucho sentido.
La pereza la llevo en la sangre, la lujuria en las hormonas y el gula en el hígado. Algunas cosillas en la mente y una que otra en el corazón. Y lo demás a ratos lacerando el alma.
Lo cierto es que aquella lucha no la gana ni el uno ni el otro. Porque no soy un descarriado, pero si algo narciso.
La caricaturización puede ser un poco exagerada, pero no por eso es menos cierto que nos vemos enfrentados a un nuevo paradigma, una nueva forma de ser hombres. Y no estoy del todo seguro que contemos con las herramientas para enfrentarnos a esta nueva forma de vivir nuestra masculinidad.
El ser hombre se lleva en los genes (por algo te crece un pene), pero fundamentalmente se enseña. Y te lo enseña la generación que te precede. Tu viejo, tus tíos, tu abuelo o cualquiera que cumpla un rol viril en tus primeros años.
Y ahí hago memoria…
Y los hombres que recuerdo tienden a obedecer el patrón del “canalla”, o simplemente estuvieron ausentes en ese periodo de mi vida, o nulos desde el punto de vista paternal-educador.
Entonces defino a que me refiero con esto del “ser hombre”.
Primero que nada, no me refiero a todas esas modas yuppies, metrosexuales, metroemocional, übersexuales, hombres alfa y beta, tecnosexuales ni retrosexual, entre otras cosas raras que va inventando tan distingida profesión como es la psicología.
Hablo del simple (pero extremadamente difícil) acto de hacerse cargo. Hacerte cargo de ti. Hacerte cargo de tus sentimientos. De tus necesidades, de tus instintos, de tus impulsos. De tu sexualidad. De tus defectos. Hacerte cargo de tu familia. De tu pareja, de sus demandas hacia ti en todo ámbito. De tus hijos, de tu paternidad. El hacerse cargo de tus errores, faltas y omisiones. Y tambien hacerte cargo de tus virtudes.
No, no es simple.
Pero es lo que he intentado hacer durante toda mi vida. Hacerme cargo. Aveces con éxito y otras fracasos rotundos.
Pero ese es el hombre que quiero ser, aunque me cueste.
Lo que me dijeron…
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