Archivo mensual: Octubre 2006

Corre que te pillo…

En mi época escolar fui todo un deportista.

Entre primero y cuarto medio fui seleccionado de mi colegio en basketball, volleyball y atletismo, donde las hacía de lanzador de bala y jabalina en campeonatos comunales. Pero también participé corriendo postas de 4×4 (4 corredores, 400 metros cada uno), y fue en esta disciplina donde viví mi mayor éxito deportivo. Pero esa es otra historia.

No fui un deportista destacado, tampoco fue mi intención. Simplemente me gustaba el deporte y como a diferencia de mi viejo nunca fui bueno para la pelota, me dediqué a incursionar en otros deportes. Sin mucho éxito por lo demás.

Una vez egresado del colegio, nunca mas volví a hacer deporte regularmente. Exceptuando la pichanga mes por medio, alguna semana que intenté ir al gimnasio o alguna pedaleada sin rumbo, no he hecho ningún deporte. Me he dedicado a comer asados, fumar por 15 años (vicio que afortunadamente ya dejé), beber cerveza y tener un trabajo sedentario.

Y bueno, gracias a dietas varias, de esas serias y no tan serias, he regulado el peso y “solo” tengo unos 10 o 12 kilos de sobrepeso. En lo personal no lo considero un problema salvo en lo estético, pero al comentario chistoso de “tai sanito eh???” no hay mejor respuesta que un “la buena vida y la poca vergüenza pos wón”.

Y nada mas cierto: poca vergüenza.

Lo que realmente me preocupa es mi estado físico (distinto de apariencia física, porque gordito me veo mas lindo ^^’ ).

Cuanto te despiertas por la mañana y te duele todo el cuerpo: brazos, piernas, tobillos, cuello, etc. y sin motivo aparente. Cuando de vuelta del supermercado solo quieres acostarte y dormir una siestecita porque te duelen los pies. O cuando juego con mis hijas y a los 5 minutos tengo que tomar aire y respirar despacio para que no se me arranque el corazón por la boca.

Si bien no alcanzo ribetes patéticos (como muchos de los leen estas líneas), estoy seguro que si sigo así lo haré en el corto plazo.

Completamente decidido, hoy me levanté a las 6:20 am. Visto mi recién adquirida indumentaria deportiva (como no hago deporte ni hablar de zapatillas, buzos u otras ropas ad-hoc) y a las 6:28 am estoy saliendo de casa con el claro propósito de quemar las calorías que golosamente me había echado encima el día anterior.

Troté a buen ritmo hasta la plaza a cuadra y media de mi domicilio, lugar donde me reuní con un cómplice que no tardó en demostrar su aventajado estado físico. Trotamos algo de 500 o 700 metros y mi corazón zapateaba intentando salirse del pecho y mis piernas gritaban clemencia.

Pero yo, hombre duro que soy, seguí como un soldado que va al cuerpo a cuerpo con el enemigo. Completamente aguerrido, seguí sin aflojar ni un músculo. Un dos, un dos, un dos.

Y la verdad no iba tan mal, estoy exagerando un poco. Creo que lo hubiese logrado si no fuera porque a mitad del camino de ida siento un pequeño tirón en la pantorrilla izquierda, lo que después se transformó en un dolor tan intenso que me impidió seguir el paso.

“- Tirón” le dije a mi secuaz. “- La chiva” me respondió.

Seguí entre caminatas y trotes suaves. Intenté algo de elongación que me ayudo a calentar el músculo y seguir trotando a paso más que moderado.

“¿No será psicológico?” arremetía mi acompañante.

“Se me está hinchando”, le respondo intentando demostrar la veracidad de los hechos.

“Tal vez te mordió una víbora”, dijo a esas alturas el enemigo acérrimo de mi dignidad.

Preferí no responder.

Y ahora estoy lesionado, camino y duele como el diablo.

Pero mi dignidad sigue intacta!

Bueno, eso me gusta creer…

¿Y si la humanidad desaparece?

Me copio de Microsiervos, quien le copia a Boing Boing, quien a su vez le copia a Treehugger, y este a un artículo de la Imagine Earth without people.

¿Cuanto tardaría en desaparecer el daño que le hemos hecho a nuestro planeta?

Según el gráfico, esto pasaría:

  • Inmediatamente: La mayoría de las especies en peligro empezarían a recuperarse.
  • 24-48 horas: La contaminación lumínica se acabaría.
  • 3 meses: La polución atmosférica (nitrógeno y óxidos de azufre) se va reduciendo.
  • En 10 años: Desaparecería el metano de la atmósfera.
  • En 20 años: Las carreteras rurales y pueblos quedarían cubiertos por la vegetación. Desaparecen las cosechas genéticamente modificadas.
  • En 50 años: Se recupera la población de especies marinas. Desaparecen los nitratos y fosfatos del agua.
  • Entre 50 y 100 años: Las calles y edificios de las ciudades quedan cubiertos por la vegetación.
  • 100 años: Los edificios de madera se desmoronan.
  • 100 a 200 años: Los puentes se caen.
  • En 200 años: Los edificios de metal y cristal se desmoronan; el cinturón de grano de los Estados Unidos vuelve a ser una pradera.
  • En 250 años: Las presas se derrumban.
  • En 500 años: Los corales se regeneran.
  • Entre 500 y 1.000 años: la mayoría del contenido orgánico de los vertederos se descompone.
  • 1.000 años: La mayoría de los edificios de ladrillo, piedra y cemento han desaparecido; el dióxido de carbono en la atmósfera vuelve a sus niveles pre-industriales.
  • 50.000 años: La mayoría de los plásticos y cristales se descomponen.
  • Después de 50.000 años la existencia de la humanidad queda marcada básicamente por sólo algunos restos arqueológicos…
  • Pero algunos productos químicos fabricados por el hombre sólo desaparecerían después de 200.000 años y la basura radiactiva puede seguir siendo mortal durante hasta dos millones de años.

Está fuerte no?

Allá va la muerte

¿Alguna vez has sentido que la muerte te ronda?

No hablo de la típica imagen que adorna este post, aquel esqueleto enfundado en una túnica negra y una guadaña bien afilada. Hablo del concepto. Hablo del fin de tu vida. Y de “algo”, que viene a quitártela.

A mi me ha pasado un par de veces. Quizás tres. Es una sensación extraña y difícil de describir, que si te la tomas muy en serio te puedes poner algo paranoico. Seguramente no es mas que mi imaginación, pero se siente y se vive como cualquier otra experiencia que vivas, como algo real.

La última vez venía de participar en un curso de capacitación. Había terminado tarde, tipo 22:30 y conducía mi scooter a casa, no recuerdo exactamente a que altura, pero iba por Manuel Montt al sur, a algunas cuadras de Irarrazabal.

Me aproximo a un cruce débilmente iluminado y mientras disminuyo la velocidad busco letreros o semáforos que me impidan el paso.

Busco insistentemente, y en eso estaba cuando en un muro blanco que delimita la esquina opuesta, veo una sombra de varios metros de alto, de forma perruna y alargada, mas oscura de lo que me pareció correspondería considerando la mala iluminación, cruzando de un extremo a otro, perpendicular a la dirección en la que voy, como buscando interceptarme.

Bueno, fue la impresión que me dio. Que mas subjetivo que este post.

Y no fue miedo lo que sentí. Tampoco impaciencia. Fue una suerte de verdad absoluta, de esas que solo puedes asumir. Y esa verdad no era que me iba a morir, no era un presagio. Era una advertencia. O te cuidas, o te llevo. That’s all.

Y así lo hice, y llegue bien a casa.

Y al tiempo lo dejas pasar y lo vas olvidando.

Pero si por alguna casualidad lo recuerdas te preguntas si le debes algo a alguien. Y que quizás sin saberlo, tal vez, engañaste a la muerte.

Y como homenajeando a Tito, te acuerdas que la muerte va por debajo de la enramada.