
Pocas veces he tenido unas vacaciones tan buenas como las de este año.
Como el ítem respectivo en el presupuesto familiar era de una austeridad absoluta, nos fuimos a Valparaíso durante casi dos semanas al departamento de una tía de Pamela en el cerro Alegre.
La verdad no íbamos con muchas expectativas. No somos muy amigos de la playa. De hecho ella la detesta. Y Valpo es muy lindo y la cultura y la cacha de la espada…. pero con el par de monstruos que tenemos de hijas, lo mas probable (según nosotros en aquel entonces) se aburrirán como ostras.
Así que fue grata la sorpresa cuando empezamos a “hacer cosas”. Porque es increíble el abanico de posibilidades que se te abre. Si a eso le agregamos Viña, no tienes por donde aburrirte. Cada día tuvimos una actividad diferente, y nos faltó un montón de cosas mas por hacer.
Si, fuimos a la playa y hasta me bañe. Anduvimos en victoria, subimos cerros, almorzamos en el mercado, fuimos al jardín botánico un par de veces, hicimos picnic y canopy, vagamos, perdimos el tiempo ociosamente, fuimos a la esmeralda, vimos circo del establecido y del callejero, estrujamos plazas y nos reímos con los títeres, y caminamos tanto que una vez llegada la noche dormíamos como troncos.
Pero lo principal es que estuvimos los cuatro. Juntos. Jugando. Riéndonos. Felices. Amándonos.
El plazo terminó y volvimos a Santiago. Yo a trabajar encerrado en una oficina, Pamela en casa con las niñas mientras encuentra un nuevo trabajo. Y así pasó la semana: tediosamente lenta, jaquecosa y profundamente odiosa.
Que terrible es volver a la rutina después de haberlo pasado tan bien, cuando lograste olvidarte de todo. Es espantoso volver a lo mismo de lo que un par de semanas antes huiste con tanta desesperación.
El fin de semana que siguió a la vuelta fue muy curioso.
Nos quedamos en casa y sin muchas ganas de un mejor panorama nos dedicamos a hacer lo que siempre hacemos. Nos dedicamos a estar juntos, los cuatro. Y con eso empezamos de nuevo a jugar y a reírnos. A ser felices.
Y es que fueron tan austeras nuestras vacaciones, que se centraron en lo fundamental, en lo que no se termina. En nosotros. En lo nuestro.
Y me sentí de vacaciones.





















Lo repetirtia cien veces . La semana solos fue maravillosa. Me gusta estar contigo y con nuestras hijas son todo lo que necesito.
Aclaracion: No me gusta la playa de verano, esa llena de gente achurrascandose a proposito bajo el sol. AMo la playa de invierno la mas solitaria en al que puedes caminar y relajarte.
te amo
Amas la playa sin gente, sin agua salada y sin arena, ojalá.
LOS FELICITO, SON FAMILIA Y ESO ES LO MAS IMPORTANTE EN LA VIDA, SIGAN AMÀNDOSE MUCHO