Completamente solo muere torturador

Foto: Héctor Flores, El MercurioDurante una mañana de suave lluvia, acompañado por un guardia y un cura que hacía una especie de acción de caridad, fue enterrado en el Cementerio General uno de los personajes iconos de las violaciones a los Derechos Humanos de la dictadura militar.

Osvaldo Romo fue agente de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), cumplía condena por el secuestro calificado de siete miembros del MIR, y aguardaba sentencia por otras 10 desapariciones, además de 55 procesamientos también por secuestro y 14 encauzamientos por torturas a sobrevivientes de Villa Grimaldi.

El hombre era casado y tenía 5 hijos. Ninguno asistió.

A diferencia de otros personajes encausados o sentenciados, destaca que Romo se sentía del todo orgulloso de lo que hizo.

¿Volverías a hacerlo? ¿lo harías igual?
—Claro, lo haría igual y peor. Yo no dejaría periquito vivo (…) Fue un error de la Dina. Yo siempre le discutía a mi general: no deje a esa persona viva, no lo deje libre. Ahí están las consecuencias.
Sobre arrojar los cadáveres de los detenidos al mar…
—Yo creo que puede ser (…) Ahora Chile no es un mar para tirar cadáveres, porque es torrentoso, es violento (…) Tirarlos en un cráter de un volcán sería mejor… (…) ¿Quién va a ir a buscar a un cráter de un volcán? Nadie.
El día de su muerte.. su epitafio ¿qué debiera decir? “Aquí descansa el verdugo, el torturador, el asesino…”
—Lógico, lógico. Eso se lo acepto. Porque para mí fue una cosa buena (…) Yo estoy limpio con mi conciencia y mis creencias.

Este brutal torturador se fue completamente solo y abandonado incluso por su familia, pero con la conciencia limpia. En cambio Pinochet tuvo un desfile de seguidores, pero murió como un cobarde que nunca se hizo cargo de sus actos.

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