
Imagen original de Plataforma Urbana
Nadie que utilice regularmente el Metro de Santiago puede negar lo malo que está el servicio. Si bien nunca fui muy amigo del metro – eso de ir enlatado y bajo tierra jamás me hizo sentir muy cómodo – pero la cosa ahora ha tomado otros ribetes, y al igual que una buena cantidad de capitalinos me he tenido que acostumbrar no solo a las aglomeraciones, sino también a un montón de vicios que esto conlleva.
El metro es sin duda alguna el servicio mas damnificado del Transantiago, y con esta afirmación admito mi error al defenderlo en el pasado.
Pero esta entrada es para hacer mis descárgos siquiera al metro, si no a sus usuarios. Porque hoy se suceden un montón de situaciones que hasta hace poco estaban limitadas al transporte de superficie, a la realidad de otros países o para algunos programas de televisión que tratan sobre la vida de los animales en su estado mas salvaje.
Y esta es una pequeña lista de lo que mas me indigna:
- Colas y aglomeraciones: No es nuevo en el metro, pero ahora es mucho, mucho peor.
- Los indecorosos manoseos y cosas peores que tantas féminas (y algunos machotes también) reclaman.
- La estación Tobalaba en la línea 4 (la misma que muestra la imagen) cuenta con minúsculas y eternas escaleras que provocan claustrofobia a cualquiera.
- En dicha estación (aunque no es de extrañar que ocurra lo mismo en otras estaciones terminales) se ha instalado el siguiente y despreciable comportamiento: Se aglomera un tropel de “personas” en el lugar donde debieran abrirse las puertas del próximo tren. Una vez que el tren se detiene, una estampida de enajenados (usualmente liderada por lo que se supone “caballeros”) pelea codo a codo, hombro a hombro, empujón a empujón para hacerse de un asiento. Y esto es, ignorando a cualquiera que pueda necesitarlo realmente.
- No sabría si calificarlo como algo negativo, pero ahora tenemos vendedores ambulantes en el metro. Sabido es que dicha actividad atrae la delincuencia, pero no necesariamente los vendedores son delincuentes (salvando el hecho de que no dan boleta y por consiguiente no pagan impuestos).
- Y la guinda de la torta la ponen los reggatoneros (o como diablos se escriba, flaites, longis o lo que sea) que armados de sendos celulares con mp3 player, y en una suerte de bizarra ayuda al aburrimiento colectivo del que los hacinados usuarios del metro nos vemos enfrentados día a día, comparten su rítmica y vulgar cachondera música con todos nosotros mientras corean a voz baja las estrofas mas burdas pegajosas.
Y eso es 2 veces al día, todos los días de la semana.
Yo me quiero ir a provincia.
Espero disculpen el fanatismo infantil con que comenzaré esta nota, es solo una pequeña licencia que me tomo solo porque hoy es viernes.












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