De fábulas oníricas

Dibujo original de Filipa Canhestro

Dicen que los sueños son el reflejo del alma, que son la voz de tu inconsciente o la forma en que tu deidad favorita te habla.

Yo no tengo claro que son los sueños. Habitualmente no los recuerdo. Los borro. Los olvido. Pero el sueño de esta mañana me lo dejo grabado en la piel si es posible.

Como estoy con un resfrío pegado, @Pamela cruelmente me tiene durmiendo en el futón del segundo piso para no contagiar a Julieta (nuestra hija menor de sólo 4 meses) quien ha invadido el dormitorio.

Dormía como siempre, en estado de inconsciencia plena, cuando poco pasado las 5am me despierto con su llanto. Bajo a ayudar a Pamela que llevaba casi una hora batiéndoselas con una bebe inquieta. Al rato vuelvo a mi futón a tratar de dormir unos minutos antes de comenzar el día, con la convicción de que costaría dormirme, pero resulté cayendo en un profundo e inquieto sueño.

Estoy seguro que la primera escena ya la había soñado, pero esta vez dicha escena fue mucho mas breve y se vio complementada con dos nuevas escenas que le dieron una profundidad y un sentido distinto. Casi de fábula.

Eran dos amigos, un pez y un mono pequeño, en medio de un bosque. El mono le jugaba permanentes jugarretas al pez, se burlaba de él y a ratos lo atormentaba. Eran amigos. Muy amigos, pero el mono era un amigo algo abusivo. Incluso, le sacó el tapón a la pequeña laguna donde el pez vivía, siendo el pez succionado mientras el mono se mataba de la risa.

Cambio de escena.

Frente a una enorme pared de piedra y musgo, en medio del bosque, el mono oía a su maestro,  un viejo perezoso, mientras este le decía que su amigo, el pez, había sido “ascendido” y pasaba a la siguiente etapa. El pez es un Maestro.

Cambio de escena.

El pez ha cambiado de forma y de sujeto. Ahora el pez soy yo y tengo forma humana.

Estoy sentado en la cúspide de un tobogán de agua, siempre en medio del bosque. Como el pez, soy parte del agua y el agua es parte de mi, pero en mi forma humana soy demasiado grande para sumergirme.

Lentamente desciendo por el tobogán hacía una pileta. Durante el trayecto me llena la sensación de calma que irradia el silencio del bosque. Una profunda paz.

Cuando llego a la pileta me siento en el borde y extiendo las piernas para posar los pies en el borde opuesto. En esa posición comienzo a girar y girar, feliz, inmensamente feliz, dejo caer la cabeza hacía atrás, lleno de felicidad por la paz que siento luego de tanto tiempo. Es tanta la felicidad que rompo en llanto mientras sigo girando.

Despierto.

Me pongo de pie aún con esa sensación de calma y felicidad, y con la convicción de que este sueño era un mensaje, y tres palabras se me vienen a la mente, de golpe y con completa certeza: paciencia, tolerancia y perseverancia.

Curioso pero, pudiendo ser coincidencia, en esta etapa de mi vida es todo lo que me hace falta.

Gracias.

2 pensamientos en “De fábulas oníricas

Deja un comentario

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.