El adiós del poeta

Cuando era niño, no recuerdo bien que edad pero debo haber tenido unos 9 años, mi mamá me llevo a conocer y despedirme de mi bisabuelo. Postrado en cama, incapaz de reconocer a su nieta, el anciano rondaba los 94 años. Poeta y una especie de leyenda en la familia tanto por su longevidad como por su facilidad para dejar descendencia. Mas de 20 hijos y varias señoras.

Mi Abuelo

Sergio Martí­nez Jacobs.

La tarde del Martes 21, llevé a mis hijas menores a despedir a mi abuelo Sergio, hijo del hombre del primer párrafo. Funcionario del Servicio de Impuestos Internos por largos años pero principalmente poeta y un ferviente adorador de Dios.

Este poeta, nuestro poeta, el 21 de Enero a las 21:50, a los 85 años, rodeado de su familia, logró aquel ascenso a un nuevo plano, aquel que tanto anhelaba.

Nunca me ha gustado la poesía. No se si fue mi forma de revelarme a él (porque en esta familia durante la adolescencia te revelas a tus viejos y al tata), o solo por cuestión de gustos. Hombre de hablar parsimonioso, no tan serio como de un humor demasiado elevado para cualquier hijo de vecino. De sobremesas dominicales densas donde se habla solo de temas de extremada altura, se leí­a poesía y de espiritualidad, para luego pasar al piano donde junto a mi abuela cantaban su amor.

De una espiritualidad inmensa, Subud y el latiham fueron su camino.

Mi abuelo fue siempre un excéntrico intransigente (por decir lo menos), lo recuerdo apagando el calefont mientras mis primas se duchaban, lo recuerdo apilando en el patio un cerro de papeles, periódicos, desechos, muebles, ropa vieja y otros desperdicios para luego (horror de los vecinos) prenderles fuego. Lo recuerdo colgando la bandera belga junto a la chilena en fiestas patrias.

Te recuerdo en uno de mis momentos mas incomodos cuando a mis 19-20 años quisiste hablarme de sexo y amor, como el padre que para muchos de mis primos fuiste. Te recuerdo en tus silencios y contemplación. Te recuerdo en tus proyectos y

su forma de escribir poesía

Te recuerdo en la carta que me diste el día de mi matrimonio, donde nuevamente quisiste enseñarme aquello que mi bruta, impulsiva e impertinente juventud me negó entender.

Te recuerdo en el abrazo que me diste la semana pasada, cuando junto a mi nanita te llevamos al médico. Llevabas una semana sin hablar y al salir del baño, me diste un abrazo de saludo, que también fue de agradecimiento, para terminar siendo un abrazo de despedida.

Te recuerdo en Julieta. Mi hija menor. Que aún no entiende porque ha partido su tatita pelao que acababa de re-descubrir. Lo maravilloso es que ella aún te recuerda de cuando volaban como pajaritos, en el cielo.

Y allá nos veremos poeta incansable. Porque si hay una lección que he aprendido de ti, esa es tu incansable lucha y amor por aquello que te apasionó. Solo espero la próxima vez, estar a la altura del caminante iluminado.

4 comentarios en “El adiós del poeta

  1. Walda

    Que lindo y más que lindo, que bien escribes nieto querido, me has hecho muy feliz al leer en esta página lo que leíste en el cementerio, tu nana que te ama.

  2. Taty

    Bella forma de recordar a una persona que de alguna forma marcó tu infancia, si bien dices no gustar de la poesía, lo que has escrito es una bella prosa con metáforas muy sutiles. Un agrado encontrar tu escrito que por casualidad llegó a mis ojos, por esa magia de Internet y sus búsquedas.
    Un abrazo

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