Nuevo viejo amigo

Cielo de San Pedro de Atacama

Ese día había comenzado temprano, absurdamente temprano, tanto que no me había duchado pues el agua, de tan temprano que era, nunca salio caliente, y no me apeteció darme un baño en agua fría (pues también fue una mañana absurdamente fría).

Eran las primeras horas de la tarde, esas en que el sol pega con mas fuerza, cuando agotado tras una mañana fría y absurda, me recosté sobre una banca de aquella plaza. Puse la mochila bajo mi cabeza y mientras miraba el cielo, azul intenso y rajado por nubes blancas que lo cruzaban apuradas, me dediqué a pensar si era correcto hacer eso a mis 39. Sería correcto hacerlo cuando pase los 40, a los 45 por ejemplo, o a los 50?

Seria correcto tirarme en la banca de una plaza, en plena tarde, mientras otros turistas que a duras podían decir “Chile campeón” en español y deambulaban buscando donde sentarse y descansar, luego de una mañana absurdamente fría y que ya duraba varias horas.

Eso me preguntaba y en plena divagación, absorto en el cielo y sus nubes cuando me llegó la respuesta, en forma de perro de esos homeless. Se me acercó con cara de perro feliz, como si fuesemos viejos amigos que nos encontramos tras de años de distancia, por lo que solo atiné, como cuando te saluda un desconocido en la calle, a devolverle el saludo, acompañado de un abrazarlo con el brazo que tenía libre y unas cuantas caricias que, mientras le decía “que eres lindo wueón”, retribuyó con un gemido con esa voz ronca que tienen los perros cuando agradecen un cariño, mas un pequeño mordisco en la mano.

Y si, era correcto. Es mas, da lo mismo si era o no correcto, era lo que en ese minuto, necesitaba, y quería. Tirarme en la banca para mirar el cielo.

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