No soy feliz

No lo soy.
No lo soy. No soy feliz. No me gusta mi vida. Está muy por bajo mis expectativas.

No soy feliz porque llevo 10 años luchando por un sueño que me resulta tan esquivo que en más de una oportunidad he querido tirar la toalla. He querido y lo he hecho. La he tirado. Descanso. Me lavo la cara, me sueno los mocos y sacudo el polvo de la batalla. Pero siempre termino recogiéndola y regresando a la lucha.

No soy feliz porque no siento que mis hijas sean felices, y si hay alguien que un padre considere que merece la felicidad, son sus hijos. No las veo felices, quizás, porque ven que yo no lo soy. Maldito circulo de causas y efectos. ¿Porque no les dejas ser como tienen que ser? ¿Que culpa tienen ellas de mis errores y aciertos?

No soy feliz porque veo la injusticia, la miseria, el odio y la ignorancia que nos domina. Y me siento impotente, y peor aún, me siento complice cuando me fallan las fuerzas para plantarle cara. Y últimamente, las fuerzas son lo que más escasea.

No soy feliz porque aquello que defino como básico en mi vida, no logro proveérmelo. No hablo de cuestiones materiales, no. No hablo de otras personas. Tampoco. Hablo de mi lucha constante – de seguro no soy el único embarcado en esta lucha – en ser la persona que quiero ser. Aquella persona que siendo un niño visualicé y me inspiró. Aquella persona que está dentro de mi, y que no logro sacar de su escondite.

No soy feliz porque el hecho de no serlo, no me provoca pena. Me provoca rabia. Y la rabia es peor que la pena.

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