Cada mañana

Cada mañana detiene su automóvil frente al mismo semáforo.

Cada mañana, mientras espera la verde, mira el “bazar y paquetería” que invitaba a los transeúntes a pasar por su puerta abierta de par en par.

Cada mañana, el viejo tras el mostrador, de pelo blanco y grandes orejas, fija sus cansados ojos más allá de lo que cualquiera con la mitad de sus años podría ver.

Cada mañana, ve cómo el viejo de corbata y pulcro chaleco café, parece no respirar de lo quieto que está.

Y cada mañana, se piensa a si mismo de viejo, y se pregunta si logrará llegar así, tan impávido, a esperar la muerte.

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