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Trabajo lejos de casa

Uno de mis últimos post en este blog se tituló “Trabajo desde casa”. Lo escribí feliz. Trabajar en casa me hace feliz. Disponer de mi tiempo, ver a mis hijas crecer, jugar, pelear, discutir, llorar, interrumpirme cada 30 minutos por las cosas mas insignificantes pero que para ellas son sumamente importantes (y trato de reconocerles en tal mérito), recibir a Pamela luego de su día habitualmente duro, atenderla y cenar juntos, a veces cocinar acompañados de una copa de vino y buena música, conversando de la vida, de las niñas y de la familia. Me hace feliz estár en casa. Me hace feliz la familia que hemos formado.

Hoy, este post lo titulo como “Trabajo lejos de casa”, pues hace poco mas de un mes pasé 3 semanas trabajando a 945,8 kilometros de mi familia, y estas lineas las escribo desde el aeropuerto de Santiago, esperando mi vuelo – al que llegué tarde, pero esa es otra historia – para pasar otras 3 semanas, esta vez a 1.534,5 kilometros de mis niñas y mi mujer, mis mascotas, mi cama, mi oficina, mi tele y mi vida.

La aventura es entretenida e increiblemente productiva (al menos en un principio), pues suelo contar con todas las horas del día a mi disposición – claro, me la paso trabajando, pero mi trabajo me encanta, todo: las clases, las consultorías y también, y como no, programar -, y también es tremendamente solitaria, cosa que me encanta!!, siempre me he sentido cómodo en soledad.

Y como decía, al menos en un principio, tal vez la primera semana. Llegando la segunda y a medida que pasan los días, se me hace tortuoso, un suplicio a ratos angustiante.

Estar con ellas no solo es una necesidad emocional y afectiva, también es física, de sus abrazos, de sus besos, de que se duerman en mi pecho y entre mis piernas, de caricias y cosquillas, de masajes dolorosos, de saltos en la cama, de chistes fomes y otros muy entretenidos, de su rebeldía y su egocentrismo, de sus miedos, gritos y pesadeces, de sus pesadillas, sus llantos y enérgicos reclamos ante la injusticia, del cansancio y la enorme fuerza de Pamela, de su poca paciencia y de lo rápido que se le acaba. Y de su amor infinito por ellas y por lo nuestro.

Extrañarlas ha sido maravilloso.

Porque me ha permitido descubrirlas, atesorarlas y amarlas aún mas, Lo que se me hace increible. No pensé que fuera posible amar tanto y a tanta gente.

Canciones para dormir

Regalonas

Hacia mucho tiempo que no le cantaba a alguna de mis hijas para hacerla dormir. Ya no se me hace necesario, tanto porque ya están grandes, como porque prefieren leer antes de dormir.

Esta noche por razones que no vienen al caso, me puse a cantarle a Julieta – mi hija menor, de solo 4 años – bien tomada en brazo y envuelta en una manta, el set habitual que solía cantarles cuando eran pequeñas.

Comencé con “El Oso”, del argentino Moris, canción de 1970 y que fue parte de la banda sonora de “Tango Feroz”.

Seguí con el temaso de Spinetta “Durazno Sangrando de 1975.

Luego ataqué con un par de canciones infantiles de Mazapan, “Sauce Llorón” y el “Caracol Agustín” que lograron el efecto contrario al que buscaba, pues a diferencia de Emilia (que estaba al lado de nosotros) y Martina (en la pieza continua) que a esa altura dormían a poto suelto, la Ju se puso a cantar entusiasta cada una de las canciones.

No me quedo otra que cambiar nuevamente el repertorio.

Duerme, duerme negrito, que tu mama está en el campo, negrito.

seguí cantando, casi pegada a la canción anterior.

Julieta al reconocerla me interrumpe orgullosa y me dice “Esa canción me cantabas cuando era pequeña!”.

Es sorprendente la memoria de un niño, debí cantarla algunas pocas veces cuando tenía no mas de un año.

Me acompaño en varios pasajes, con su voz grave y desafinada, entre bostezos y silencios hasta que su respiración profunda y calma me dijo que se había dormido.

Pero yo seguí cantando, esta y otras más, cuidando como cuando eran pequeñas, el sueño de mis niñas.

Duerme, duerme negrito, que tu mama esta en el campo, negrito;
Duerme, duerme negrito, que tu mama esta en el campo, negrito.

Te va a traer codornices para ti.
Te va a traer mucha cosa para ti.
Te va a traer carne de cerdo para ti.
Te va a traer mucha cosa para ti.

Y si el negro no se duerme, viene el diablo blanco, y zas!, le come una patita, jacapumba jacapumba
apumba jacapumba jacapumba.

Duerme, duerme negrito que tu mama esta en el campo, negrito,
Duerme, duerme negrito, que tu mama esta en el campo, negrito,
Trabajando;
Trabajando duramente, trabajando si.
Trabajando y no le pagan, trabajando si.
Trabajando y va tosiendo, trabajando, si, trabajando.

Y va de luto, trabajando, si, pal negrito chiquitito, trabajando si, duramente, si, va tosiendo, si, no le pagan, si.

Duerme, duerme negrito, que tu mama esta en el campo, negrito;
Duerme, duerme negrito, que tu mama esta en el campo, negrito.

Trabajo desde casa

Teletrabajo

Tomé la decisición de trabajar en casa porque querí­a un cambio en mi vida y en la de mi familia, y ha sido lo mejor. Tengo la fortuna de ser independiente, tengo mi propia empresa por lo que no tengo un “jefe” que me esté exigiendo cumplir un horario. Eso no es algo habitual, por lo que me siento privilegiado. Ahora bien, desde el 2005 (con algunas interrupciones) que disfruto de este placer en nada culpable de trabajar en casa, y me siento del todo capacitado para dar algunos concejos para que te decidas de una vez por todas y fundamentalmente, para que sea una experiencia exitosa.

Los beneficios de esta práctica son incontables, pero enumeraré unos pocos que se me vienen rápidamente para que tengamos algo sobre lo que trabajar.

Beneficios

  1. teleworkingAhorra en traslados: todos los que vivimos en ciudades grandes como Santiago, nos vemos terriblemente afectados por los tiempos y altos costos de desplazamiento. Ya casi poco importa si utilizas el transporte publico o tu propio sistema de movilización (que los he probado todos automóvil, motocicleta y bicicleta) y en el mejor de los casos tardo 30 minutos (en moto) en llegar de mi casa a distintos destinos laborales en la ciudad.
  2. Ahorra en arriendo de oficina: Si eres emprendedor, no necesitas una oficina! Utilizas la misma conexión a internet que tienes en casa, el mismo teléfono, tu celular de siempre, tus muebles, tu café, agua, endulzante y azúcar. Tu casa es tu oficina.
  3. Administra tu tiempo: Es increíble todo lo productivo que se logra ser al administrar tu mismo tus tiempos. Y si eres cuidadoso, podrás incluso hacer aquello que durante años te has privado: dormir una siesta después de almuerzo, instalarte en en la terraza con una buena vista a trabajar, ir al gym o salir a hacer algo de deporte. Tu tiempo, tu vida.
  4. Pasalo bien: He podido ver prácticamente todos los partidos que he querido en Brasil 2014.
  5. Disfruta a tu familia: Si tienes hijos y/o hijas podrás estar mucho mas tiempo con ellas, llevarlos al colegio y participar mucho mas de sus actividades.

Pero toda esta maravilla no llega sola, hay que esforzarse y considerar varios aspectos que te cuento a continuación:

Tips para que trabajar en casa sea un Éxito

Una vez que te decidiste (o te dieron la oportunidad, todo es relativo), considera lo siguiente:

  1. Acomoda un lugar para trabajar: Con una laptop o una tablet te puedes instalar cómodamente en el sillón, en el WC, en la terraza, el patio, la piscina, en la tina si te parece… donde sea, a trabajar. Sin embargo, te recomiendo tengas un lugar “dedicado”, independiente de que te pases el dí­a vagando por tu casa, ese lugar representa algo y te mentaliza para el trabajo. Invierte en el, si puedes darte el lujo de un escritorio, pues compra uno que te acomode, lo mismo el sillón, laptop, teclado, mouse, etc. Trabajar te debe gustar.
  2. Elena-PJs-for-siteVí­stete para trabajar: Uno de los prejuicios mas molestos y seguramente dañinos que existen sobre el teletrabajo o el trabajo
    en casa, es que muchos asumen el estereotipo canallesco de que te la pasas en pijama, tirado sobre un sofá, sin bañarte ni afeitarte en varios dí­as, con el televisor encendido y desechos de comida a domicilio tirados por donde mires. Nada mas alejado del como debe funcionar. Independiente de donde trabajes, debes vestirte para el trabajo. Seguramente no necesites ponerte una corbata, pero para enfrentar la jornada laboral debes hacerlo cómodamente y contextualizado en lo que vas a hacer. Utiliza ropa cómoda, pero no olvides darte dignidad tanto a ti como a tu situación. Después de todo, estas trabajando.
  3. Elige una jornada que te acomode: Muchos trabajan mejor de noche, otros durante las mañanas. Elige tu horario, y cúmplelo. Cuando comienzas a retrasar el inicio, a adelantar el termino y a generar grandes lagunas comienzas a tener problemas de productividad.
  4. Explica a tu entorno cercano, que estás trabajando: Mi mujer trabaja fuera, así­ que intenta “usarme de recadero” cada vez que necesita hacerle saber algo a una de nuestras hijas o a nuestra nana. También intenta infructuosamente que me haga cargo de situaciones argumentando “pero si estás en casa”. A cada arremetida de esas, se gana un amoroso “amor, estoy trabajando… veámoslo cuando llegues”.
  5. Cumple tu horario: Si definiste que trabajas de 9am a 6pm, ajusta tus compromisos laborales en ese rango. Evita salirte extendiendo o acortando tu dedicación. Claro, siempre puedes hacer excepciones, pero trátalas como tal, como una excepción.
  6. La familia está primero, siempre: Tengo 3 hijas y cuando llegan del colegio, pasan a mi oficina a saludarme. Todos los días. Y no importa en que este en ese momento, SIEMPRE tendrá prioridad ese beso. Después de todo, por ellas hago todo esto.
  7. Disfruta tu libertad: Una vez al mes, arráncate al cine una día de semana por la mañana y ve una buena película. Disfruta del simple hecho de que “lo puedes hacer”.

Ahora bien, solo queda un apartado respecto al como trabajar en casa, donde repasaremos algunas herramientas imprescindibles para acometer esta campaña.

Trabajar en equipo, y desde casa

Una de las principales obstáculos del trabajo remoto es la necesidad de trabajar en equipo. Asumimos que es el contacto físico y la cercaní­a lo que lo hace posible. Nada mas errado. Claro, vernos las caras, estrechar la mano, es irreemplazable, pero dejemos eso para los momentos especiales. El trabajo diario lo puedes hacer remoto y muy bien coordinado a distancia, tanto con tu equipo como con tus clientes y partners. Internet lo hace posible y acá enumero unas pocas herramientas que te pueden ayudar.

  1. Skype, Hangout, y cualquier otro sistema de video conferencia: Hoy casi no es necesario ir a reuniones si puedes hacerlas desde donde estás, compartir pantalla y ver alguna presentación y trabajar en conjunto. E‰stas herramientas lo hacen muy fácil.
  2. Utiliza herramientas para la gestión de tareas y/o proyectos: Organizar un equipo de trabajo a distancia puede resultar fácil si utilizas herramientas en linea. Trello KanbanFlow con excelentes aunque a mi me sigue gustando mi panel en el muro de mi oficina, a pesar de que ese en particular no permite trabajar en remoto.
  3. Utiliza herramientas de creación colaborativa: Comúnmente la elaboración de contenidos en conjunto requiere reunirse con contrapartes o colaboradores para “ponernos de acuerdo” respecto de lo que hará cada uno y trabajar conjuntamente. Gracias a herramientas como iWork de Apple o Google Docs, puedes trabajar sincronamente -al mismo tiempo- el mismo documento, haciendo de este proceso algo mucho mas entretenido e increí­blemente productivo. También puedes utilizar herramienta wiki para soportar un proceso asíncrono, igualmente recomendable.
  4. Dropbox -y similares-, un gran aliado: Dropbox te habilita un “disco virtual” en la nube. También son muy populares Drive de Google, One Drive de Microsoft, BOX, iCloud de Apple, Mega, etc. Todos hacen básicamente lo mismo, y es realmente útil para compartir documentos, imágenes, videos, etc. con otras personas, o entre tus dispositivos.

Ahora dejo la tribuna abierta, conoces mas herramientas útiles para trabajar en casa? O algo mucho mas importante: Tienes algún tip para facilitar y hacer mas agradable la experiencia de trabajar en casa? Compártela con nosotros.

Fuentes llenas de uvas

Rubén Guzmán, tata coco.

Rubén Guzmán

Te fuiste viejo, te fuiste, y ni cuenta te diste.

Te apagaste como si te hubiesen cortado la luz por no pagar la cuenta. De un momento a otro, sin aviso ni despedidas.

Te fuiste tranquilo, discutiendo por nimiedades, eso que tanto te entretenía. Te fuiste acompañado de tus hijas que te lloraron como niñas a quien el papá deja en la escuela. Te fuiste en tal desconcierto de tu mujer que no entendía que pasaba hasta que cayó en cuenta que las niñas se abrazaban en lagrimas.

Te fuiste y nadie entendía porque. Te fuiste con apenas 92, con las rodillas y cadera tan malas que no te dejaban caminar sin tu burrito. Pero eso nunca fue un problema, porque tardar media hora en llegar a la esquina siempre fue un detalle insignificante.

Se fue el “pito”€ – por papito; no me lo imagino fumándose uno- , el “œtata coco”€, el abuelo que tanto nos enseño. El abuelo que jugaba con nosotros de niños, que nos enseño a construir con madera, dibujar sobre ella y luego a punta de serrucho arrancarle pistolas, hondas, autos y tanta cosa que hace uno cuando aún le cuelgan los mocos.

El abuelo que con algo de paciencia nos enseño a construir volantines y era un seco con el trompo. El abuelo que jugaba a la pelota, que de joven fue futbolista, basquetbolista y boxeador.

Se fue el viejo pinochetista hasta las recachas, anti comunista y que le compró todo a la dictadura, pero que cuando se dejo barba nos deleitamos diciendole que se parecía al Che Guevara. Te fuiste viejo querido y nos dejaste a todos tratando de reprimir las lagrimas.

Te fuiste y ya no le llevarás fuentes llenas de uvas a la abuela. Te fuiste y ya nadie recogerá las nueces y los duraznos del patio. Te fuiste y ya nadie andará sapeando con los prismáticos bajo excusa de buscar ladrones en la calle. Te fuiste y ya no oiremos la música clásica que siempre sonaba en la terraza. Te fuiste y estoy seguro que aún te ríes de nosotros que te extrañamos. Te fuiste y nos hiciste llorar a todos. Te fuiste y te ríes.

Te fuiste y lo aseguro, te ríes porque ha sido tu máximo chiste.

Sábados por la mañana de un hombre con su hija

Esto se parece peligrosamente a lo que vivo cuando trabajo en casa, pero multiplí­calo por 3, y sumale un gato y 2 perras.

Lo ví­ en The Clinic.

Ese momento entre la noche y el día

Noche

Jueves, 2:35am.
Cierro el laptop luego de una jornada maratónica tratando (en vano) de arreglar un entuerto que provocan las tecnologí­as que tienen mas de 15 años y que fueron reemplazadas hace mas de 10, justamente porque provocaban problemas como los que hoy intento (infructuosamente) corregir. Pero bueno, me pagan por eso.

Jueves, 2:45am.
Caigo rendido sobre mi cama tras monitorear la temperatura de 2 de mis hijas que han tenido fiebre los últimos dí­as.

Jueves, 4:25am.
Suena mi celular, adormilado veo que es mi madre quien llama.
– Mama?
– Hijo, no me dijiste que vendrí­as por mi a las 4?
– No era a las 4 de la tarde?
– No, mi vuelo sale a las 6 y media de la mañana.
– Ok, salgo altiro.

Jueves, 4:33am.
Subo al auto, que está prácticamente arrinconado entre la camioneta del vecino y una minivan. Maniobrar en espacios reducidos habiendo dormido solo un par de horas no es fácil, pero logro sacar el auto sin ví­ctimas.

Jueves, 4:44am.
– Mamá, estoy llegando a tu casa.
– Ya, salgo.

Jueves, 4:46am.
– Gracias hijo.
– Sorry, no sé porque asumí­ que era en la tarde.
Cojo su maleta, la lanzo al porta equipaje y vuelvo al volante.
– Bueno, igual llegaremos a tiempo.

Jueves, 5:15am.
Saco la maleta, y caminamos hacia la fila del checkin. Luego un café, un mufflin y algo de conversación sobre las nietas y los nietos.

Jueves, 5:37am.
– Son $2.100.-
– Tome.
– ¿Tiene los $100?
– Claro.
– Gracias.
– Gracias a ti.

Jueves, 6:03am.
Suena Rage Against the Machine en la radio, subo el volumen al máximo, golpeo el volante y escupo frases en ingles del tipo “€œOpen English” a todo pulmón. Necesito repeler cualquier atisbo de sueño.
Por la ventana veo un carro del metro lleno de gente. ¿De donde salió tanta gente?.

Jueves, 6:18am.
– ¿Papá¡!?
– ¿Amor?
– Me asustaste papá¡!!, estaba soñando con esa cosa fea que me dijo la Martina y tus ruidos me asustaron.
– Lo siento amor, sigue durmiendo.
– ¿Donde estabas?
– Que duermas te digo.

Jueves, 6:23am.
Vuelvo a monitorear temperaturas. Sin fiebre.

Jueves, 6:28am.
Me dejo caer sobre la cama. Julieta reclama por el movimiento. Pamela le hace arrurrus para que siga durmiendo.
– ¿Todo bien?
– Si, sin fiebre.

Jueves, 8:03am.
Logro abrir un ojo. veo la hora, es tarde. Julieta está pegada a mi espalda. Salgo de la cama intentando no hacer ruido. Pamela está en el baño.
– Te puedo acompañar?
– Porque te levantaste?
– La Marti tiene médico.
– Verdad.
– ¿Esas toallas están secas?
– Si, son para ti.
– Gracias amor.
– ¿Noche del terror?
– De las mejores.

Jueves, 8:12am.
– ¿Es algo corta esta polera o no?
– Emmm… si.
– Veré otra.
– ¿Puedes despertar a la Martina mientras termino de vestirme y le preparo desayuno?
– Estoy algo atrasada pero bueno.

Jueves, 8:35am.
– Martina, péinate esa chasca y vamos que estamos muy atrasados!

Jueves, 8:42am.
– Julieta está con fiebre, tiene 38,8.
– Que le darás? Lertus?
– No, prefiero paracetamol. Puedes llamar al fono doctor para estar seguros de la dosis?

Jueves, 8:48am.
– Te pusiste el cinturón?
– Si, ya estoy lista. Tengo frí­o.
– Encenderé la calefacción.

Jueves, 9:01am.
– Que número tenemos?
– El C-039, faltan solo 3.

Jueves, 9:16am.
– Cuéntame Martina, ¿como te sientes?
– Bien.
– Entonces viniste porque te sientes bien? o porque estás enferma?
– Je, porque estoy enferma.

Jueves, 9:48am.
– Hola, necesito el primer remedio de la receta, idealmente un bioequivalente.
– Emmmm.. Ese no existe bioequivalente para estas gotas, solo estas dos marcas, pero no las tenemos.

Jueves, 9:55am.
– Hola, necesito el primer remedio de la receta, pero bioequivalente.

Jueves 10:08am.
– Hola, necesito el primer remedio de la receta…

Jueves, 10:12am.
– Hola, necesito el primer remedio…

Jueves, 10:15am.
Por chat:
– ¿Me puedes contar como les fue??!!
– Luego, ocupado.

Jueves, 10:17am.
– ¿Te pusiste el cinturón?
– Si, ya estoy lista.
– Bien.
– No me quiero hacer ese examen… ¿y si vomito?
– No va a ser necesario que te lo hagas, y si vomitas no hay problema.. se limpia y listo.

Jueves, 10:25am.
Entramos a casa, Julieta ya sin fiebre.

Jueves, 10:27am.
– Marti, deja de pestañear para que te pueda poner estas gotas!

Jueves, 10:28am.
– Hola, ahora te cuento como nos fue.
– Te escucho.

Jueves, 10:34am.
Tomo la taza de café y las tostadas que aún tienen mantequilla sin derretir, subo las escaleras hasta mi oficina. Muevo el mouse y el inicio de sesión se muestra como un portal a un lugar distinto.

Un lugar donde la vida se congela. Un lugar donde es la vida la que entra en stand-by.

El adiós del poeta

Cuando era niño, no recuerdo bien que edad pero debo haber tenido unos 9 años, mi mamá me llevo a conocer y despedirme de mi bisabuelo. Postrado en cama, incapaz de reconocer a su nieta, el anciano rondaba los 94 años. Poeta y una especie de leyenda en la familia tanto por su longevidad como por su facilidad para dejar descendencia. Mas de 20 hijos y varias señoras.

Mi Abuelo

Sergio Martí­nez Jacobs.

La tarde del Martes 21, llevé a mis hijas menores a despedir a mi abuelo Sergio, hijo del hombre del primer párrafo. Funcionario del Servicio de Impuestos Internos por largos años pero principalmente poeta y un ferviente adorador de Dios.

Este poeta, nuestro poeta, el 21 de Enero a las 21:50, a los 85 años, rodeado de su familia, logró aquel ascenso a un nuevo plano, aquel que tanto anhelaba.

Nunca me ha gustado la poesía. No se si fue mi forma de revelarme a él (porque en esta familia durante la adolescencia te revelas a tus viejos y al tata), o solo por cuestión de gustos. Hombre de hablar parsimonioso, no tan serio como de un humor demasiado elevado para cualquier hijo de vecino. De sobremesas dominicales densas donde se habla solo de temas de extremada altura, se leí­a poesía y de espiritualidad, para luego pasar al piano donde junto a mi abuela cantaban su amor.

De una espiritualidad inmensa, Subud y el latiham fueron su camino.

Mi abuelo fue siempre un excéntrico intransigente (por decir lo menos), lo recuerdo apagando el calefont mientras mis primas se duchaban, lo recuerdo apilando en el patio un cerro de papeles, periódicos, desechos, muebles, ropa vieja y otros desperdicios para luego (horror de los vecinos) prenderles fuego. Lo recuerdo colgando la bandera belga junto a la chilena en fiestas patrias.

Te recuerdo en uno de mis momentos mas incomodos cuando a mis 19-20 años quisiste hablarme de sexo y amor, como el padre que para muchos de mis primos fuiste. Te recuerdo en tus silencios y contemplación. Te recuerdo en tus proyectos y

su forma de escribir poesía

Te recuerdo en la carta que me diste el día de mi matrimonio, donde nuevamente quisiste enseñarme aquello que mi bruta, impulsiva e impertinente juventud me negó entender.

Te recuerdo en el abrazo que me diste la semana pasada, cuando junto a mi nanita te llevamos al médico. Llevabas una semana sin hablar y al salir del baño, me diste un abrazo de saludo, que también fue de agradecimiento, para terminar siendo un abrazo de despedida.

Te recuerdo en Julieta. Mi hija menor. Que aún no entiende porque ha partido su tatita pelao que acababa de re-descubrir. Lo maravilloso es que ella aún te recuerda de cuando volaban como pajaritos, en el cielo.

Y allá nos veremos poeta incansable. Porque si hay una lección que he aprendido de ti, esa es tu incansable lucha y amor por aquello que te apasionó. Solo espero la próxima vez, estar a la altura del caminante iluminado.