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La paternidad según Jodorowsky

No soy muy simpatizante de Jodorowsky, pero le oí un par de frases en una entrevista sobre la paternidad, que me hicieron mucho sentido.

– ¿Sería menos espiritual si su padre no hubiera sido… materialista?

– Yo siempre digo, como un padre pudo ser tan materialista y tan tonto. Mi padre fue un tonto, porque perdió un hijo. Cuando se murió, no sentí nada. Murió a los 100 años. Y cuando se murió mi gato, lloré. Lloré más por mi gato que por mi padre. ¿Cómo?! Yo no me siento culpable. Él! qué crió a este hijo que no pudo amarlo. No lo pude amar porque él nunca me amó. Pero si él no hubiese sido cómo fue, yo nunca hubiera sido lo que soy ahora. Porque yo le di a mis hijos lo que él nunca me dio… En el fondo, le debo muchísimo.

Y la otra

– ¿Qué salvaría usted de esta civilización?

– Evidentemente, salvaría el amor paternal. Más que el maternal. Lo que mas hace falta en esta civilización masculinista, cruel y guerrera, es el hombre que sabe amar, a sus hijos.

– ¿A amar se aprende?

– No es que se aprenda. Tú vas liberando los límites. El corazón está como en un búnker, en una prisión. La sociedad, la cultura, la familia nos coloca limites morales que no corresponden a esta época. Cuando abrimos las puertas del corazón, sale este amor que no es nuestro, si no que es un amor universal que transcurre a travez de nosotros.

Mi relación con la soledad

Koyo: Se fue lejos, muy lejos. Cuando conversamos, lo hacemos más que nada de sus situaciones diarias. Por teléfono, y eso no es algo muy personal, no hay un abrazo ni una mirada de comprensión. La verdad es que lo extraño mucho, ojalá estuviera acá.

Vimpi: se fue del país hace como 30 años y el tiempo y la distancia nos alejaron. La última vez que nos vimos (hace ya varios años), ya no teníamos nada de que hablar. Nuestras vidas, experiencias, familias, flanquearon una distancia que ya no podemos salvar.

Chili: se fue a otra ciudad y mantuvo una vida adulta muy parecida a la que teníamos cuando fuimos amigos, cuando solo éramos unos chiquillos. Yo cambié, crecí y maduré de otra forma. También terminamos por alejarnos.

Andrés: tuvimos diferencias por un negocio y cortamos la relación. No me dolió tanto, pero los años y la soledad me han hecho extrañar el tiempo en que fuimos amigos y de todo lo que nos quisimos.

Pato: me traicionó por una pega y corté relación con él. Me dolió la traición, pero más me dolió perderlo.

No tengo claro si soy o no un buen amigo. A los 5 anteriores, les hice bulling, pero no creo que los haya maltratado, pero si de alguna u otra forma y en más de una ocasión, no fui empático con sus sentimientos. Eso siempre lo entendí como propio de las relaciones de amistad entre hombres, seguramente es un camino de deconstrucción que aún tengo pendiente.

Lo que si tengo claro es que no cultivo las amistades. Más bien no cultivo las relaciones. Me cuesta mucho hacerlo, no es algo que me nazca fácilmente, y debo intensionarlo cuando me hago consciente del error que estoy cometiendo. Mi madre me ha dicho infinitas veces que soy un hijo ingrato. No cultivé ni cuidé lo suficiente mi matrimonio ni tampoco cultivé otras relaciones de pareja importantes o no importantes que tuve. Todo termina muriendo. Todas estas relaciones terminan extinguiéndose y al final, mucho después, termino sintiéndome solo. Muy solo.

¿Pero no es que me gusta tanto la soledad?

Si, me gusta. Me gusta estar conmigo mismo. Me gusta hacer planes y no tener que transar con nadie. Me gusta llegar a mi casa y no encontrarme quién interrumpa y me saque de mis cavilaciones. Me gusta no necesitar a nadie. Pero, ¿realmente no necesito a nadie?

La soledad es mi droga. Si no la tengo por mucho tiempo, la anhelo, me da angustia – esa emoción que hoy está tan de moda – e incluso sufro de abstinencia. No tolero mucho tiempo las reuniones sociales, me incomodan he incluso me pongo mal genio. Eso no es algo que el común de la gente comprenda, de hecho, personas con las que he salido no lo han logrado comprender jamás.

Pero por la otra parte, cuando la soledad me encuentra, me aíslo tanto tanto, que la soledad pasa a ser parte de mi y convivo con esta sobredosis de aislamiento, me empapo de ella y no soy consciente de ello hasta que, ya sea porque alguien me lo reclama, o más bien, me lo grita en la cara, o porque no soy capaz de dar con la solución a mis eternas reflexiones, por mucho que esté ahí frente a mi y necesito que alguien me lo escupa en la cara, que me doy cuenta que me he quedado solo. Muy solo.

Tan solo, que necesito escribir esto acá, porque no tengo con quién conversarlo.

La soledad es mi droga. Me llena de éxtasis y felicidad, pero siempre termina pasándome una cuenta que no solo me afecta a mí, también a quienes he abandonado en el camino.

Decepción

Renuevo mi soundtruck cada pocos meses. Voy sumando y restando canciones dependiendo de lo que descubro, de lo que prefiero olvidar y de lo que añoro.

El último tiempo escucho mucho a Tom Waits, un viejo actor y cantante de blues, que con una voz grave, desgastada y rasposa evoca muy bien mi estado de ánimo.

Y es que esta parte del año ha tenido mucho de Bukowski, con menos alcohol y drogas duras, pero sí con mucho de decepción, decadencia y algo de patetismo.

Como buena sátira negra, la mía comienza con una decepción – como titula esta nota y como seguirás leyendo en toda su extensión – de carácter amoroso, de donde salgo sintiéndome como todo un estúpido. Y es que el nivel de las excusas que me inventó, lejos de hacerme sentir mejor, es decir, muy lejos de eso, solo podían ofenderme. Detesto cuando intentan ser condescendientes.  Lo coronó con una especie de reflexión en voz alta: “es que tú eres un ser muy evolucionado, y yo soy una neandertal”. Que por muy cierto que sea (y por dios que sí lo es), que sea parte del speech para terminarte es demasiado para mí.

Poco después (aunque este caldo se cocía a fuego lento desde larga data), me sumerjo en el mar de las decepciones del ámbito laboral. Éstas son las menos interesantes de relatar por lo que no profundizaré en ellas. Pero resumiendo un proceso que seguramente aún no termina, fue duro darme cuenta de los techos que tengo y que estos son sistémicos, no míos, pues si los fuesen, podría trabajar en ellos.

Rematando el año caigo en cuenta de cómo un par de viejos amigos, uno muy cercano, se aprovecharon del cariño que les tenía – note el verbo en pasado – para ganar unas pocas lucas en el menos, y para escalar posiciones en el más. Y este fue quizás lo que más me ha dolido este año, porque confié en mi gran amigo, creí que haría su mejor esfuerzo pero en la práctica, en el contraste con la realidad, el tipo se portó horrible no solo conmigo, sino con el equipo que he logrado formar en el trabajo. Nuevamente me he sentido un gran estúpido.

Quizás los años me han vuelto un hombre más confiado e iluso. Quizás porque estoy más sentimental y trato de demostrar mis afectos, cosa que algunos toman como debilidad. Quizás se me arregló el radar de canallas y ahora los detecto.

No sé.

Creo que Tom Waits me seguirá acompañando un rato, mientras respondo mis preguntas y me recupero de eso que te puede calar el alma. La profunda decepción.

Lay your head where my heart used to be
Hold the earth above me
Lay down in the green grass
Remember when you loved me

Come closer don’t be shy
Stand beneath a rainy sky
The moon is over the rise
Think of me as a train goes by

Clear the thistles and brambles
Whistle ‘Didn’t He Ramble’
Now there’s a bubble of me
And it’s floating in thee

Stand in the shade of me
Things are now made of me
The weather vane will say…
It smells like rain today

God took the stars and he tossed ’em
Can’t tell the birds from the blossoms
You’ll never be free of me
He’ll make a tree from me

Don’t say good bye to me
Describe the sky to me
And if the sky falls, mark my words
We’ll catch mocking birds

Lay your head where my heart used to be
Hold the earth above me
Lay down in the green grass
Remember when you loved me

La editorial de El Mercurio después de la matanza de la Escuela Santa María de Iquique

Marcha obrera en Iquique, 1907

Marcha de los obreros en huelga en Iquique antes de ser alojados en la escuela. Biblioteca de Congreso Nacional de Chile


Si no sabes nada de la matanza de la Escuela Santa María de Iquique, te recomiendo que te des una vuelta por wikipedia o mejor aún, algún libro de historia. También te serviría una novela como Santa María de las flores negras de Hernán Rivera Letelier que leí hace ya varios años y puedo recomendar.

Creo que hoy pocos podrían siquiera intentar justificar la espantosa matanza que se llevó a cabo y, es más, hoy pocos podrían comprender que alguien incluso en esa época, intentara siquiera justificarla.

Pero como la vida siempre está llana a sorprendernos, me topé por casualidad con una nota en El Desconcierto donde rescatan un par de editoriales del periódico regalón de la patria, El Mercurio, haciendo justamente eso: justificando la matanza y culpando a los privilegiados obreros salitreros.

“en general, puede decirse que la remuneración del trabajador allí es amplia y que ningún gremio recibe mayores compensaciones y tiene más facilidades para la vida y más oportunidad para el ahorro, que el de los peones y jornaleros empleados en la extracción y beneficio del nitrato”.

“el jornal alto, la habitación gratuita, la pulpería a precios equitativos, la alimentación abundante y relativamente más baja que en el sur“, lo que compensaba “sobradamente el esfuerzo del hombre y los rigores del clima y las arideces del territorio”.

“La detención del trabajo en las salitreras perjudica, más que a los capitalistas, a los huelguistas mismos, pero beneficia a los agitadores. Y como lo hemos dicho, no hay causa visible que justifique los acontecimientos…“

No conformes con eso, posterior a la brutal matanza de obreros, tanto mujeres como hombres, niños, adultos y ancianos, chilenos y extranjeros, todos desarmados, se atreve a justificarlo con las siguientes palabras:

“Es muy sensible que haya sido preciso recurrir a la fuerza para evitar la perturbación del orden público y restablecer la normalidad, y mucho más todavía que el empleo de esa fuerza haya costado la vida a numerosos individuos… el Ejecutivo no ha podido hacer otra cosa, dentro de sus obligaciones más elementales, que dar instrucciones para que el orden público fuera mantenido a cualquiera costa, a fin de que las vidas y propiedades de los habitantes de Iquique, nacionales y extranjeros, estuvieran perfectamente garantidas. Esto es tan elemental que apenas se comprende que haya gentes que discutan el punto”.

Las negritas las he puesto yo.

No sé tu, pero creo que si actualizamos un poco el lenguaje y reemplazamos “obrero del salitre” por “mapuche” o “pescador artesanal” (o tal vez estudiantes, homosexuales, NO+AFP, abortistas, #NiUnaMenos, pueblos originarios… la lista es espeluznantemente amplia)… serían editoriales que perfectamente podríamos estar leyendo estas semanas en nuestro adorable “El Mercurio”.

Que susto.

The eagle never lost so much time as when he submitted to learn of the crow

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Desempolvé mi viejo iPod – las mudanzas suelen regalarte reencuentros maravillosos contigo mismo -, le conecte un parlante y puse el soundtrack de Dead Man, ese anti-western de Jim Jarmusch que me voló la cabeza cuando rondaba los 18.

Me paré frente al espejo del baño, recorté un poco la barba, alineé el bigote y jugué con las marcadas bolsas que tengo bajo los ojos. Me desnudo y meto a la ducha. El agua caliente y el jabón me limpian la mala noche.

Los rasgueos y distorsionados riffs de Niel Young siguen sonando mientras dejo que el viento frío, húmedo y salado entre por la venta. Lleno mis pulmones de ese aire, me dejo reconfortar con el agua caliente.

No llevo oído ni la mitad del disco y ya debo salir y enfrentar lo que sea que tenga que enfrentar tras esa puerta.

Corto el agua, el frio me amenaza y oigo a las niñas afuera discutiendo por alguna tontería.

Un dialogo del soundtrarck. “The eagle never lost so much time as when he submitted to learn of the crow” le recita Nobody a Blake. Luego viene el teclado y la guitarra.

Subo el volumen y me convenzo… aún me quedan algunos minutos.

Dormir… que delicia es dormir

Mi primer fin de semana de “hombre separado” y sin niñas, me arranqué a Valparaiso a visitar viejos amigos.

Mi segundo fin de semana de “hombre separado”, tuve actividades escolares todo el sábado, y con Pamela fuera de Santiago no fue un fin de semana al que podamos definir como de “hombre separado”.

Así que mi tercer fin de semana de “hombre separado”, hice planes para un “hombre separado”. Agendé una tarde de actividades que venía aplazando hace mucho, y por la noche quedé con una vieja y querida amiga con quien no nos vemos hace varios años.

No sé bien que pasó, pero nada funcionó como lo planeé.

El sábado desperté cerca de las 12pm (4 horas mas de sueño de lo que mi cuerpo acostumbra), y me sentía pésimo, dolor de cabeza, garganta apretada, tos, etc. Tras un almuerzo ligero, me escabullí para dormir una larga siesta de la que desperé pasadas las 9pm. Aún me sentía pésimo, así que llamé a mi amiga y me disculpé.

Esa noche me dormí pasadas las 12, y volví a despertar, al igual que el día anterior, 12 horas después. Pero esta ves me sentía mejor!!

Dormí más de 30 horas este fin de semana. Había olvidado completamente como el cuerpo, la mente y el espíritu te agradece algo así.

Hoy me siento la raja.

De amores, eternos

Los hijos en el divorcio Tuvieron una diferencia menor, algo que seguramente no tomarías en cuenta. Algo tan pequeño para una pareja de tantos años, donde el amor siempre primó y, para quienes les veían, amigos y familiares, fueron siempre una pareja maravillosa.

Los días que siguieron a esta pequeña pelea no fueron precisamente malos. Se dedicaron a sus temas y a los temas colectivos (casa e hijas), hablaron de política, de la pega y de la familia. Mientras, en la interna, cada uno hacía su propia reflexión.

Una semana después, cuando al fin encontraron el tiempo y el espacio para conversar, tuvieron la claridad para coincidir tanto en los síntomas como en la enfermedad. Incluso, coincidieron en su tratamiento. Por cada uno de ellos y por el amor que los une, debían separarse.

Hoy están en eso, preparándose para lo que viene. Hablando con las familias y los amigos en común, repartiéndose los muebles, la casa y el auto. Acordando con quien vivirán las hijas, las platas, los horarios, responsabilidades y dinámicas. Y lo mas difícil, se preparan para enfrentar el tema con las niñas.

Es un proceso duro. Lleno de detalles. Muy triste pero principalmente, lleno de amor.

Si. Dije que está lleno de amor. Porque a lo que se enfrentan no es al termino de la familia que por quince años formaron. Ni ella, ni él, ni tampoco las hijas pierden a su familia.

Ellos, tanto los grandes como los chicos, se enfrentan a la transformación de su familia. Y como cualquier proceso de transformación, hay que enfrentarlo con cariño, con amor y atendiendo esos detalles que finalmente, resultan tan importantes como los grandes cambios.

— Tu te quedas en casa, y las cuentas las pagamos mitad y mitad – le dijo él, gesticulando con las manos como si repartiera una torta. Le miraba a los ojos, como siempre había hecho.
— Tendremos tutela compartida, y el auto irá donde las niñas estén – complementó ella, asintiendo con la cabeza y devolviéndole la mirada, como siempre había hecho.

Ambos saben que la única forma de enfrentar esto es desde el amor. Cierto, entre ellos ya no existe amor. Pero no hablo de ese amor.

Lo hacen desde el amor por sus hijas. Por cada una de ellas. Ese amor es enorme e inagotable. No como el amor de dos personas que se enamoran, porque ese amor ya se fue. Solo les duró 15 años. Les hablo de otro amor, uno que no se puede dimensionar, uno que escala montañas y cruza mares, que te mantiene en vela toda la noche cuidando su sueño y te humedece los párpados cuando te entrega un papel con una mancha de tempera mientras dice que eres tú. Te desarma con una pregunta y te vuelve a armar con una reflexión. Y te refriega en la cara tus debilidades. Y te enseña como ser mejor con un nuevo ejemplo cada día.

Y ese es el amor que aún se tienen. Entre ella y él hay tres amores gigantes que los atarán de por vida.

Y algún día, quizás, llegarán nuevos y refrescantes amores con cara de nietos que los seguirá uniendo, incluso, mas allá de sus vidas.

Entonces, ¿como no separarse desde el amor?