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El Hotel móvil que recorre Chile

Rolling Hotel

Acabo de leer en la revista Paula (creo que Pamela la deja en el baño con el desleal propósito de desincentivar mi lectura en dicho recinto… que ilusa!) un articulo sobre Rolling Hostel, una suerte de hostal rodante que se pasea turistas europeos por nuestra querida, larga y angosta faja de tierra.

Y la historia es bastante simple: Un chileno que se encontraba estudiando en el viejo (y apolillado) continente, se hace amigui de un belga que anda en sus mismos pasos. Luego, el amigui viaja a Chile y se enamora (como no) de sus paisajes y su gente, y juntos se les ocurre montar una Hostal en ruta que recorra la patria de norte a sur y de este a oeste, acarreando sobre sus ruedas a quien esté en condiciones de adquirir uno de sus tickets.

Así que Rolling HotelCompraron una micro Mercedez Benz del 93 dada de baja por el transantiago (cof!!, cof!!!), la enchularon (cof!!!, coooffff!!), le pusieron comedor, cocina, un baño, 15 cómodas butacas e instalaron a un ex chofer de micros al volante.

Viajar a bordo de Rolling Hostel te da la posibilidad de entrar en lugares naturales deshabitados y pasar la noche allí, al costado de enormes glaciares, lagos de montaña y geisers volcánicos o en medio del desierto.
Rolling Hostel te da la posibilidad de conocer Chile de una forma práctica y cómoda, ya que no tienes que esperar en las estaciones de buses para conexiones a otras ciudades, cargar todo el tiempo tu equipaje ni lidiar con la problemática de cómo llegar a esos sitios donde los medios de transporte públicos son poco frecuentes o simplemente no existen.

El proyecto es tan interesante que según su sitio web las próximas 2 salidas ya se encuentran casi completas, por lo que han buscado y conseguido financiamiento Corfo con el propósito de ampliar la flota (y no les vendría mal una renovación de la micrito, aunque está bien enchulada), y por supuesto los recorridos.

Me parece una increíble iniciativa, me encantó la idea. Siempre me ha gustado el turismo de carretera, pero con 2 niñas pequeñas veo imposible hacer un viaje así (que además dura 22 días).

Si alguien tiene la dicha de hacerlo, que cuente como le fue!.

El fin de las vacaciones

valparaiso

Pocas veces he tenido unas vacaciones tan buenas como las de este año.

Como el ítem respectivo en el presupuesto familiar era de una austeridad absoluta, nos fuimos a Valparaíso durante casi dos semanas al departamento de una tía de Pamela en el cerro Alegre.

La verdad no íbamos con muchas expectativas. No somos muy amigos de la playa. De hecho ella la detesta. Y Valpo es muy lindo y la cultura y la cacha de la espada…. pero con el par de monstruos que tenemos de hijas, lo mas probable (según nosotros en aquel entonces) se aburrirán como ostras.

Así que fue grata la sorpresa cuando empezamos a “hacer cosas”. Porque es increíble el abanico de posibilidades que se te abre. Si a eso le agregamos Viña, no tienes por donde aburrirte. Cada día tuvimos una actividad diferente, y nos faltó un montón de cosas mas por hacer.

Si, fuimos a la playa y hasta me bañe. Anduvimos en victoria, subimos cerros, almorzamos en el mercado, fuimos al jardín botánico un par de veces, hicimos picnic y canopy, vagamos, perdimos el tiempo ociosamente, fuimos a la esmeralda, vimos circo del establecido y del callejero, estrujamos plazas y nos reímos con los títeres, y caminamos tanto que una vez llegada la noche dormíamos como troncos.

Pero lo principal es que estuvimos los cuatro. Juntos. Jugando. Riéndonos. Felices. Amándonos.

El plazo terminó y volvimos a Santiago. Yo a trabajar encerrado en una oficina, Pamela en casa con las niñas mientras encuentra un nuevo trabajo. Y así pasó la semana: tediosamente lenta, jaquecosa y profundamente odiosa.

Que terrible es volver a la rutina después de haberlo pasado tan bien, cuando lograste olvidarte de todo. Es espantoso volver a lo mismo de lo que un par de semanas antes huiste con tanta desesperación.

El fin de semana que siguió a la vuelta fue muy curioso.

Nos quedamos en casa y sin muchas ganas de un mejor panorama nos dedicamos a hacer lo que siempre hacemos. Nos dedicamos a estar juntos, los cuatro. Y con eso empezamos de nuevo a jugar y a reírnos. A ser felices.

Y es que fueron tan austeras nuestras vacaciones, que se centraron en lo fundamental, en lo que no se termina. En nosotros. En lo nuestro.

Y me sentí de vacaciones.