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Los nuevos padres y madres


Pedro Klien

Hace algunos meses tuve la oportunidad de participar en un taller de padres que dictó el colegio de mis hijas mayores, el que entre otras cosas me sirvió para verificar  que “tan mal” no estamos, que hay que corregir algunas cosas y reforzar otras, pero fundamentalmente, constatar algo que en conversación con otros padres y madres ya me iba figurando.

En medio de la conversación, donde participaban un par de psicólogas a cargo de la presentación, los padres mas comunicativos y varios profesores del colegio, brotó  la vieja y tan común comparación entre la forma de criar a la que nosotros fuimos sometidos, y la forma en que nosotros criamos a los nuestros.

El común denominador obliga a afirmar que lo viejo siempre fue mejor que lo nuevo, por consiguiente se realizaron afirmaciones como que “Antes era tan simple”, que “Las reglas siempre fueron claras” y finalmente un “No nos estaremos enroyando mucho con el tema?”, porque “después de todo, ninguno acá salio mal de la cabeza”.

O me dirán aquellos que tienen hijos, que jamás se lo han cuestionado?

Pues bien, yo lo he hecho. Y varios en la sala aquella noche también.

Efectivamente hay una nueva forma de ser padres y madres que hoy busca imponerse, la que “otorga” al niño un reconocimiento de sus derechos que en otras generaciones poco se conocía.

Pero como dijo el tío Leo (coordinador de pre básica), la diferencia está en que aquellas generaciones copiaron el modelo tal cual como lo hicieron sus propios padres, quienes a su vez, imitaron a la generación anterior.

En cambio nosotros (permitanme subirme al carro) intentamos romper con dicha herencia y para ello no contamos con un modelo establecido, vamos a ciegas, y por eso dudamos y nos cuestionamos cada paso que intentamos dar.

En lo personal creo que entre todos los factores que impulsan esta ruptura con el viejo modelo, que incluye a la mujer asalariada, la penetración de la tecnología en el hogar, la bonanza económica (y un largo etc.) destaca la integración del hombre en la tarea educativa.

Y hablamos de un grupo de personas (nosotros, los hombres) que no fuimos “educados” para ser padres (a mi mujer, <ironía>al menos le enseñaron a tejer y de economía doméstica en el liceo!</ironía>),  que venimos educados desde la vieja escuela, en un contexto social donde le macho o es un reventado bueno para el carrete, o es proveedor y ausente, asumimos este desafío armados con solo dos herramientas: un amor que no nos cabe en el pecho, y un aflorado instinto paterno.

Si, porque ahora, el hombre se permite descubrir en su interior aquello que durante toda nuestra historia se negó.

Volviendo al tema, tanto padres como madres, hemos sido llamados a asumir un tremendo desafío, aquel sueño de formar humanos nuevos, reflexivos, generosos, sensibles y conectados. Así se hacen las evoluciones.

Seguramente no seremos nosotros quienes concretemos los grandes cambios a esta sociedad, pero tal vez, sean nuestros hijos e hijas.

Hot Dog

Hot Dog

Anoche pasamos una pésima noche. Durante varias horas perros vecinos armaron un escandalo de proporciones a unos metros de mi ventana. Ladridos, gruñidos, chillidos y golpes contra la reja se encargaron de hacernos la noche difícil.

Lo que atraía tanto perro es nada menos que la lujuria provocada por el celo de Octavia, nuestra Beagle de 4 años que sufre de hipotiroidismo y en consecuencia un sobrepeso de un 70% que la hace parecer mas un perro salchicha que una curvilínea Beagle.

Fue tal el escandalo que Pamela me solicitó gentilmente que me hiciera cargo. Después de todo, soy el macho alfa de la manada, y debo velar por mi territorio y la salud física y mental de mis hembras, sean de la especie que sean.

Así que abrí los ojos como pude, me incorporé y a tientas por la oscuridad llegué a la puerta de entrada que me conduce al jardín, lugar de residencia del objeto del deseo canino.

Tras sacar la alarma y abrir la puerta, Octavia acudió a mi llamado como es su costumbre, agitando su cola feliz de verme. Grande fue mi sorpresa al divisar 2 escoltas, malditos que habrían logrado escabullirse por la cerca para acosarla y seguramente intentar asaltarla sexualmente.

La hice entrar a casa rápidamente y la conduje al patio trasero donde estaría a salvo. Tras hacerme de un palo de escoba como única arma, volví decidido ha resguardar mi territorio y mis hembras.

Una vez de regreso en las penumbras del jardín, tardo unos instantes en divisar a los degenerados que habían logrado penetrar mi fortaleza.

El de la derecha era simplemente escalofriante. Un Poodle de peinado coronado por un copete que orgulloso se me para de frente. Mi arma se abalanzó instintivamente rompiendo la noche con un silbido en búsqueda de su víctima.

El golpe fue seco en las caderas del monstruo pervertido, si bien no le provoqué ningún daño visible, fue lo suficientemente fuerte como para provocarle dolor, e intentara una fallida retirada que lo llevó a esconderse entre los arbustos.

Luego busqué al segundo, un par de metros a la izquierda. Esta vez reconocí al agresor. Se trataba del perro vecino. Un Cocker Spaniel café al que llaman Diego. El perro aquél ha tenido una vida difícil, lo han atropellado, se ha peleado con perros de mayor envergadura, lo han operado un par de veces y tiene una cojera constante.

Me dio lastima y preferí perdonarle la vida y la integridad física.

Caminé un par de metros hasta la reja y permití que ambos huyeran a la calle, donde los esperaban agazapados entre arboles y automóviles unos 4 o 5 perros mas.

Me mantuve de pie en la puerta, celebrando así mi victoria y dejándole claro a cada animal que ahí deambulaba que ese era mi territorio, que aquellas eran mis hembras y que no estaba dispuesto a permitir que nadie vulnerara mis aposentos.

Porque yo, soy el macho alfa.

Me devolví con la paz que te provoca el deber cumplido, deseando la recompensa que entre sabanas me aguardaba.

Pero se me fue un detalle. Un misero detalle.

En mi arremetida viril luego de dejar a Octavia a resguardo y volver al jardín, no me percaté que la puerta se cerró a mis espaldas. Y ahí me quedé… como macho recio y protector de mis hembras, en pijama, calado de frío, bajo las estrellas.

NOTA: Ningún animál resultó herido durante esta filmación.

Recapitulando

Estos días he tenido muy poco que hacer en la pega, así que me he dedicado a perder el tiempo como no hacía hace muchos años (o sea…  mas aún).  Entre un montón de cosas con las que he intentado matar el aburrimiento hubo una que me causó particular satisfacción. Re leí todos los post que he escrito en este blog, y en el antiguo (respira.mascarada.cl).

La experiencia fue muy grata. Me he encontrado con material que ya se me había olvidado que alguna vez escribí, y me he entretenido bastante. Es muy interesante toparme con el Brian de hace 3 años.

Destacaré solo algunos post, los mas antiguos y que me han causado gracia o algún tipo de agrado al escribirlos.

  • El coste de la caca: Breve reflexión sobre las finanzas caseras. lo escribí en septiembre del 2005
  • La terrible espera: Reflexión sobre el aborto terapéutico. Octubre del 2005.
  • Llorona: Experiencia que vivió mi abuela hace un montón de años atrás. El post lo escribí en Febrero del 2006.
  • Condones para mamá: Una breve relato sobre una compra que le hice a mi madre. Lo escribí en diciembre del 2005.

Ojalá los disfruten, aunque dudo que tanto como yo.

Común y Corriente

pendejos

Después de algo mas de 11 años, el fin de semana recién pasado volvió al país el que fue quizás el mas grande amigo que tuve durante mi adolescencia y juventud (la que está muy lejos de acabar): Rodrigo “Vimpy” Fernández.

Durante todo este tiempo no hemos perdido el contacto, ahora que “le” tenemos Internet hablamos casi todas las semanas por Google Talk, al menos un par de amistosos insultos, como buenos amigos.

En estos últimos 10 años ambos nos casamos y tuvimos hijos que tienen edades similares: el 2 niños, yo 2 niñas. En estos últimos 10 años ambos hemos crecido, madurado, aprendido, estudiado. Ambos somos profesionales y nos hemos ganado nuestro espacio en el mundo laboral. Ambos hemos engordado (proporcionalmente el mas que yo), nos hemos enamorado (el mas veces que yo), nos hemos equivocado y también hemos tenido algunos aciertos.

Para escribir este post revolví una buena cantidad de cajas y carpetas buscando alguna foto nuestra de aquella época (al final tuve que recurrir al archivo de mi madre, no sé porque no tengo ninguna!).

Y en el proceso me encontré con un tesoro mucho mas precioso. Viejas cartas, cartas que intentan dejar un registro de lo grande que fue nuestra amistad. Y con ello el recuerdo del hombre que fui en aquella época se hace presente, y puedo ver aquello que he perdido y aquello que he olvidado.

En una de sus cartas cita una frase que no recuerdo haber dicho, pero el registro es fidedigno así que debo haberlo dicho: “No quiero convertirme en un común y corriente”.

Por supuesto que hoy en día es una frase mas que trillada, pero en aquella época no lo era tanto y mucho menos a unos tiernos y casi virginales 19 – 20 años.

Y de buenas a primeras siento que lo he conseguido, no me he convertido en quien temía. Sin embargo, al ver quien era hace 11 años tan fielmente retratado y verme hoy en día, me queda dando vueltas la maldita pregunta.

Y lo medité largo, y creo que lo seguiré meditando un tiempo aunque la respuesta creo haberla leído en esas mismas líneas. Porque la respuesta la escribimos hace 11 años.

Porque a pesar de todo este tiempo, toda esta distancia, toda esta gente, toda esta soledad, toda esta vida, todas estas responsabilidades y decisiones, toda estas risas, todos estos errores… siento que aquello que nos escribimos hace tantos años, sigue tan vigente como en aquel entonces. Porque seguimos siendo amigos, compañeros y hermanos.

Así que no, esta amistad demuestra que somos ni comunes ni corrientes.

Furia en la oficina

Debo ser sincero, soy de esos que se enojan con el computador, lo insultan y lo agranden físicamente.

Pero nunca he llegado al extremo de las situaciones que muestran el siguiente video, aunque me ha tocado presenciar cosas parecidas. Y al igual que el video, me causaron mucha gracia.

Que tiempos aquellos

En mis años esto se dio bastante mas joven que los que aparecen en el video. Era la mezcla entre pendejismo extremo (alrededor de los 18), escasez de mujeres accesibles, amigos tan estúpidos como yo y mucho tiempo para el ocio. Todo lo contrario a hoy: Ahora soy un hombre serio, tengo 3 mujeres en casa y el ocio ya no es parte de mi vocabulario. Y los amigos de antaño? en las mismas que yo, y a kilómetros de distancia.

Que tiempos aquellos….

Vía Porlaputa.com

El ocaso de mascarada.cl

Me voy a permitir comentarles a los lectores de este blog algo relativo a otro sitio web que administro.

Mas bien, que administraba.

“Mascarada: Vampiros en Chile” titulaba el primer sitio web que escribí. Debe haber sido por el año 1998, cuando no pasaba de las ganas de aprender he impregnarme del desarrollo web, que encontré la excusa en uno de mis pasatiempos (mas bien el único) por aquellos años: los juegos de rol, en especial “Vampiro: La mascarada“. Un juego ambientado en el Mundo de Tinieblas de la empresa White Wolf.

Ya ha corrido mucha agua bajo el puente, y esa humilde página web escrita en un rudimentario HTML se convirtió al poco andar en una comunidad, que tan grande creció que se hizo un monstruo difícil de administrar he incluso, de matar (esta es la tercera vez, la vencida).

Pero en dicho proceso recibí el desinteresado apoyo de un amplio grupo de usuarios, con quienes llegamos a tener sin lugar a dudas la comunidad de rol por web mas grande de Chile.

Y fue ese mismo grupo el responsable de que las cosas terminen hoy en la forma en que lo hacen. Fuimos quienes la hicimos crecer, quienes provocamos el desplome de la comunidad.

Muchos moderadores se han explayado en los foros despidiéndose de la comunidad y dejando buenos deseos. Y muchos se han permitido explayarse y sacar sus propias conclusiones del porque del fin. Y se los he comentado cada vez que los he leído, les falta la autocrítica. No los leo asumiendo su responsabilidad. No se dan cuenta (o prefieren omitirla) de que somos los mayores responsables.

Porque no supimos dar un paso al lado. No dejamos que otros se hicieran cargo. No supimos pasar la posta. Y me siento un poco incomodo confesándolo, pero jamás tuve la disposición de ceder mascarada.cl a nadie. Y me lo han pedido muchas veces.

¿Como podría?

Sería como ceder la paternidad de un hijo (exagerando un poco, pero ni tan exagerado).

Quizás debí hacerlo, quizás debí exigirle al equipo permitirle a otros asumir sus funciones. Quizás así, la sangre fresca hubiese inundado cada rincón de la comunidad, revitalizándola toda, y hoy estaríamos celebrando en vez de despidiéndonos.

Pero bueno, ya es muy tarde para los “tal vez…”, apenas queda tiempo para los “lo siento”.

Porque realmente, lo siento.

Hoy terminan 9 años de mi vida. Bienvenidos próximos 9 años.