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Ocupado…!!!

Últimamente he tenido muchos problemas para escribir.

He estado ocupado en un montón de temas, entre la pega como tal, proyectos futuros y proyectos del tipo “por amor al arte”.

Y sigo sin tiempo para escribir. Con decirles que para leer mis feeds tardo toda una mañana (por culpa de la pega!). Tengo algunos escritos en preparación pero no me queda tiempo para dedicarles y sacar algo decente, ordenadito y de fácil lectura.

Mientras redacto algo, les dejo un video bien curioso. Son algunas reacciones de medios peruanos a la postergación (con sabor a censura) de la serie Epopeya.

Si alguien puede explicarme porque un programa hecho en Chile, por chilenos y para chilenos, ha de obedecer la visión que tienen en el país de al lado sobre los hechos que ocurrieron hace 100 años, que lo haga ya porque yo no entiendo nada.

Agradecimientos

Quiero agradecer a todos aquellos que me han saludado en este día.

Muy en especial a Pamela, Martina y Emilia. A mi madre, a la Ceci que me sorprendió con su mensaje por msn, y a otros que me pidieron mantenerlos en el anonimato. Muchas gracias.

Y un muy especial agradecimiento a todo el spam personalizado que copó mi casilla de correo deseándome un feliz cumpleaños, especialmente a: Servipag, Falabella, Bazuca, Trabajando.com, DeRemate, Laborum.com, BansanderAFP, Xinergia Laboral, Google Calendar ( ) y Bumeran.com entre muchos otros que el filtro “correo basura” supo clasificar adecuadamente.

Muchas Gracias.

Y a todo el tropel de weones que no me saludaron, ya saben donde se pueden ir.

Des-Vergüenzas

avergonzadoDe niño fui bastante tímido y vergonzoso, es decir, de sonrojarme fácil y muy en especial frente al sexo opuesto.

Con los años descubrí mi potencial y la vergüenza pasó, pero aún recuerdo aquellos días en que miraba desde lejos a las féminas que me atraían y si me devolvían la mirada, agachaba la cabeza para ocultar la cara de tomate.

En estos casos el punto de inflexión generalmente está dado por una experiencia traumática. Al menos fue mi caso. Bueno, no fue tan traumática después de todo.

Habré tenido unos 12 o 13 años.

Como era mi costumbre, salí temprano de casa y luego de arrastrar a mi hermano a su colegio (que por suerte quedaba a una cuadra de mi casa), me dirigí al paradero. En él un grupo de personas esperaban locomoción, y entre ellas tres escolares de tercero o cuarto medio, todos vecinos mios los que si bien jamás me habían hablado, los solía ver diariamente. Eran dos hombres y una mujer.

De los hombres no recuerdo nada, pero de ella si. Alta (mucho mas alta que yo), morena de pelo y ojos negro azabache. Piernas bien contorneadas y unos pechos dignos de… como decirlo para que no suene pederasta… una niña con mucho futuro (niña lo digo ahora, en aquel entonces para mi era un mujerón).

Cuando llego, uno de los muchachos hace un comentario al resto mientras me mira con una sonrisa burlona, los otros dos (mujerón incluida) dan la vuelta, me miran de pies a cabeza y se concentran en la zona media. En mi zona media. Ambos imitan la sonrisa del primero y ella, mi juvenil musa (una de muchas por aquel entonces, si, tímido y promiscuo en mis fetiches, buena combinación), me mira directo a los ojos sin cambiar su humilladora expresión. Logro mantener la mirada fija en sus ojos 1 o 2 segundos y la vergüenza me gana.

Me doy la vuelta intentando disimular el rubor de mis mejillas, y entre el cumulo de emociones y pensamientos confusos me reviso la zona en cuestión y con horror descubro el porque de la burla.

No solo traía el cierre abajo, si no que además (bien) enfundadas en un inmáculo slip colgaban fuera del cobijo del pantalón todas mis virginales presas que ya por aquella época y aún perteneciendo a un inocente adolescente, evidenciaban en su gran tamaño toda mi virilidad.

Rápidamente volví a enfundar todo aquello dentro de mis pantalones, y con un simple pensamiento: “peor que esto nada me puede pasar”, me dí la vuelta y volví a mirar a los tres escolares, mejor dicho, volví a mirarla .

Pero estaba de espaldas, y no volvió a darse vuelta. Subió a su micro y se marchó.

Y seguí pensando lo mismo durante largo tiempo: “peor que esto nada me puede pasar”, y poco a poco fui superando la timidez, y me pasaron cosas mas vergonzosas aún, como a todos ¿no?, pero ya había adquirido ciertas herramientas pasa superarlas.

Mas que herramienta, es una receta y ya la leíste: Sacar a pasear tus presas por el barrio bien temprano por la mañana. Que tomen aire puro. Y asegurate que alguna niña linda te las mire.

Con eso de seguro te salvarás de un vida llena de complicaciones. Bueno, siempre y cuando aún seas un púber.

Una serie de eventos desafortunados

“Meado de gato” es un modismo chileno que quiere decir “Weon que nació con mala suerte”.

Los últimos meses mi vida ha estado marcada por una serie de eventos y situaciones que se enmarcan dentro de la definición del “Meado de gato”.

En las últimas diez semanas:

  1. Me he lesionado 3 veces la misma pierna, 2 veces la pantorrilla y 1 el gemelo.
  2. He tenido 4 panas con la moto, 3 por el tubo de escape. La última fue de bencina (Como diría Homero… dohhhh!).
  3. Una reposera me reventó el dedo gordo del pie derecho el día de mi aniversario de matrimonio, cuando comenzábamos la celebración. Maldecí a medio Chile.
  4. Hace unos días, me levanto semidormido a las 3AM a buscar a Emilia que lloraba en su cuarto del segundo piso. Cuando voy bajando, y producto de estar aún dormido, un pie resbala y el otro queda fijo y termina a la altura del hombro: Después de maldecir a medio Chile (nuevamente), este fue el diagnostico del médico de urgencias: Esguince en el tobillo derecho, use tobillera por 10 días y repose el pie en alto todo lo que pueda (a Emilia no le paso nada, solo el susto).
  5. Como ando cojo (con la esguince) preferí irme en moto, – así camino menos – me dije. Cuando voy llegando a la oficina, me detiene un señor carabinero, y se da el siguiente dialogo:
  • Paco: sus documentos.
  • Yo: aquí está mi carnet… emmmm…. y el carnet de conductor… emmm…. sabe que solo traigo este – le entrego mi permiso clase B, que es para conducir automóviles y no motos.
  • Paco: mmmm…. – mueve la cabeza de un lado a otro en un claro gesto de negación – déme los documentos de la moto.
  • Yo: aquí está el padrón y… mmmmmm… y los otros papeles… mmmmm… – busco y revuelvo dentro de la mochila – mmm… no… no los tengo acá. Se deben haber quedado en el otro bolso.
  • Paco: mmmmmmm… tamos mal pos, anda sin permiso de conducir adecuado, y el que trae está vencido.
  • Yo: dijo vencido?
  • Paco: claro, mire, que fecha dice ahí?
  • Yo: emmm.. 5 de Octubre del 2006.
  • Paco: exacto! ya expiró. Y además no tiene los papeles de la moto. Muy mal… Muy mal.
  • Paco: son las 9:15, tiene hasta las 9:30 para traerme los papeles de la moto y alguien que se la pueda llevar.
  • Yo: no alcanzo. Ando cojo. Tengo una esguince en el tobillo derecho.
  • Paco: ok. Lo espero hasta las 10:00.

No les relataré todo lo que siguió… es muy patético. Lo concreto es que logré llevarle los papeles y alguien que manejara la moto. Me salvé de un parte monumental por no traer los papeles de la moto, que me la requisaran y la llevaran al aparcadero municipal he incluso de irme detenido. “Solo” (léanse las comillas con un dejo de ironía) me gané un parte por conducir sin la licencia adecuada.

Como les decía la principio de este post, “Meado de gato” es un modismo chileno que quiere decir “Weon que nació con mala suerte”. En mi caso podríamos hablar de una suerte de “Meado de caballo” o “Meado de Vaca”… ustedes entienden.

Pero claro que hay gente a la que le va mucho peor, para ellos reservemos el dicho “cagado de elefante”… porque puta que cagan hediondo los elefantes. ¿O no fre-sia?

La difícil consecuencia

No se si será el rol de padre o que, pero los últimos años he intentado poco a poco y casi sin querer queriendo, convertirme en un hombre consecuente con lo que pienso, siento y creo.

Si, suena súper utópico, y sobre todo mamón… pero bueno. Es un proceso que comenzó hace años y del que recién estoy haciendo acuso de recibo.

El primer paso creo lo dí cuando dejé de fumar, en febrero del año pasado. A los meses corregí mi dieta (sin llegar a la exageración, me siguen gustando y hago periódicamente “sus ricos asados”), luego cambié mi auto por una moto (que espero en el futuro cercano cambiar por una bicicleta) y hace poco comencé a correr por las mañanas (lesionado y todo).

Mi siguiente paso tiene otra connotación y esta relacionado con mi vida profesional. Dejaré todo y me iré a meditar al Tibet!. Mentira, creo que me aburriría mucho y definitivamente lo haría muy mal.

Este giro de tuercas tiene que ver con el “deber ser” del informático. Entendiendo al informático como aquel ñoño que estudió una carrera cualquiera pero terminó metido en esto. O aquel otro que, sin dudas, es mas ñoño y que no estudió nada (formalmente) pero que igual terminó metido en esto posiblemente de manera autodidacta. Y finalmente a los informáticos con cartón (o casi).

Así como los médicos, los abogados, los ingenieros y otras profesiones colegiadas tienen un código de ética, siento que a los informáticos nos hace falta un estatuto que nos oriente (nótese que hablo solo de orientación) respecto a la misión que tenemos dentro de nuestra profesión, y fundamentalmente, del como llevarla a cabo.

Entiendo que existen iniciativas para crear una colegio de ingenieros informáticos (tal vez ya exista!), pero estas colegiaturas siempre se quedan cortas, no abarcan todo lo que en mi modesta opinión debiesen. Conozco más grandes profesionales de la informática provenientes de otras profesiones que dentro de los posibles colegiados.

Pero bueno, me fui para otro lado. Volvamos al “Deber ser del informático”.

Hace unos días leía el pringao how-to (gracias Federico), que es una suerte de documento humorístico donde se describe una situación típica que ha vivido cualquier buen “computín” (dios como odio esa palabrita!) mas de alguna vez: reparar, instalar, comprar, actualizar, y un largo etc., todos aquellos artículos gadget que parientes, amigos y/o compañeros adquieren y nos piden ayuda con ellos.

Si bien el “pringao…” es una sátira, se permite llegar a ciertas conclusiones que no comparto. En el se nos insta a cobrarle monetariamente a todos por nuestros servicios profesionales, ya sea tu mamá o tu pareja quien te pide auxilio. Eso es simplemente inaplicable. Ni un abogado te cobra si es tu pariente o un buen amigo (y eso si que es mucho decir!).

Lo que si rescato es la llamada de atención a nuestra conducta como profesionales (y aquí es donde me engancho con lo de la colegiatura). Vamos a hechos puntuales para ejemplificar: La instalación de un SO o cualquier otra aplicación sin contar con una licencia de uso de software que te lo permita. Lo que es parte del ciclo del famoso pirateo.

Otro ejemplo: La subvención del analfabetismo digital. Por acción u omisión, mantenemos a los usuarios sumidos en la ignorancia, no le explicamos lo suficiente o quizás no somos todo lo didácticos que un cerebro inferior (como el del usuario promedio) … (eso fue broma!) necesita, y optamos por instalarle la aplicación que consideremos “más” a prueba de usuarios.

Sumemos otros antecedentes: La nueva versión del SO de Microsoft, el famoso Windows Vista, agrega nuevos impedimentos a la hora de mantenerte fiel a la plataforma. Excesivamente caro, y con limitaciones grotescas.

Sinceramente no me explico que pretende Microsoft con sus nuevas políticas anti pirateo, ni menos con los altísimos precios de sus productos.

Sigo disparando antecedentes: Linux ya no es lo críptico que fue hasta hace algún tiempo y tampoco tiene esos irresolubles problemas de compatibilidad. La comunidad de desarrolladores que da soporte gratuito ha crecido exponencialmente y con un mínimo manejo de google resolverás la gran mayoría de tus problemas.

¿Y a donde voy con todo este discurso latero y donde no digo nada nuevo?

Vamos al grano y te explico porque he demorado el cambiado a Linux.

La respuesta es simple pero algo frustrante: Porque me gano la vida construyendo aplicaciones para entorno Microsoft. Mas de 10 años de carrera profesional sustentada en esta plataforma y con sus herramientas.

¿Es categórico? No, no lo es. No lo debiera ser. No creo ser el único ni el primero que pasa por esta “encrucijada”.

Entonces, ¿como migro a Linux sin cagarme donde como?

Me detuve durante largo tiempo en esta pregunta, en el que me dediqué a mirar uno que otro video de Ubuntu + Beryl, a leer y leer sobre alternativas a aplicaciones que periódicamente utilizo en mi Windows, y a convencerme que el camino hacia la luz va por un proyecto con una connotación distinta. Por un proyecto con mística, con sentido. Con algún propósito distinto al de hacer mas millonario al mas millonario.

Hasta que dí el paso. Paso que aun no concreto del todo, pero estoy en proceso de…

Iré escribiendo una serie de post relativos a esta migración, a este cambio de filosofía que la verdad me tiene muy entusiasmado. Aún hay aspectos que no resuelvo, por lo que no tengo certeza de que llegue a buen puerto.

El gran obstáculo: seguir desarrollando para Windows y con herramientas Microsoft.

Pero al menos lo intentaré, y ojalá este intento entusiasme a otros a sumarse a este desafío y comentarnos como les va.

Corre que te pillo…

En mi época escolar fui todo un deportista.

Entre primero y cuarto medio fui seleccionado de mi colegio en basketball, volleyball y atletismo, donde las hacía de lanzador de bala y jabalina en campeonatos comunales. Pero también participé corriendo postas de 4×4 (4 corredores, 400 metros cada uno), y fue en esta disciplina donde viví mi mayor éxito deportivo. Pero esa es otra historia.

No fui un deportista destacado, tampoco fue mi intención. Simplemente me gustaba el deporte y como a diferencia de mi viejo nunca fui bueno para la pelota, me dediqué a incursionar en otros deportes. Sin mucho éxito por lo demás.

Una vez egresado del colegio, nunca mas volví a hacer deporte regularmente. Exceptuando la pichanga mes por medio, alguna semana que intenté ir al gimnasio o alguna pedaleada sin rumbo, no he hecho ningún deporte. Me he dedicado a comer asados, fumar por 15 años (vicio que afortunadamente ya dejé), beber cerveza y tener un trabajo sedentario.

Y bueno, gracias a dietas varias, de esas serias y no tan serias, he regulado el peso y “solo” tengo unos 10 o 12 kilos de sobrepeso. En lo personal no lo considero un problema salvo en lo estético, pero al comentario chistoso de “tai sanito eh???” no hay mejor respuesta que un “la buena vida y la poca vergüenza pos wón”.

Y nada mas cierto: poca vergüenza.

Lo que realmente me preocupa es mi estado físico (distinto de apariencia física, porque gordito me veo mas lindo ^^’ ).

Cuanto te despiertas por la mañana y te duele todo el cuerpo: brazos, piernas, tobillos, cuello, etc. y sin motivo aparente. Cuando de vuelta del supermercado solo quieres acostarte y dormir una siestecita porque te duelen los pies. O cuando juego con mis hijas y a los 5 minutos tengo que tomar aire y respirar despacio para que no se me arranque el corazón por la boca.

Si bien no alcanzo ribetes patéticos (como muchos de los leen estas líneas), estoy seguro que si sigo así lo haré en el corto plazo.

Completamente decidido, hoy me levanté a las 6:20 am. Visto mi recién adquirida indumentaria deportiva (como no hago deporte ni hablar de zapatillas, buzos u otras ropas ad-hoc) y a las 6:28 am estoy saliendo de casa con el claro propósito de quemar las calorías que golosamente me había echado encima el día anterior.

Troté a buen ritmo hasta la plaza a cuadra y media de mi domicilio, lugar donde me reuní con un cómplice que no tardó en demostrar su aventajado estado físico. Trotamos algo de 500 o 700 metros y mi corazón zapateaba intentando salirse del pecho y mis piernas gritaban clemencia.

Pero yo, hombre duro que soy, seguí como un soldado que va al cuerpo a cuerpo con el enemigo. Completamente aguerrido, seguí sin aflojar ni un músculo. Un dos, un dos, un dos.

Y la verdad no iba tan mal, estoy exagerando un poco. Creo que lo hubiese logrado si no fuera porque a mitad del camino de ida siento un pequeño tirón en la pantorrilla izquierda, lo que después se transformó en un dolor tan intenso que me impidió seguir el paso.

“- Tirón” le dije a mi secuaz. “- La chiva” me respondió.

Seguí entre caminatas y trotes suaves. Intenté algo de elongación que me ayudo a calentar el músculo y seguir trotando a paso más que moderado.

“¿No será psicológico?” arremetía mi acompañante.

“Se me está hinchando”, le respondo intentando demostrar la veracidad de los hechos.

“Tal vez te mordió una víbora”, dijo a esas alturas el enemigo acérrimo de mi dignidad.

Preferí no responder.

Y ahora estoy lesionado, camino y duele como el diablo.

Pero mi dignidad sigue intacta!

Bueno, eso me gusta creer…

Allá va la muerte

¿Alguna vez has sentido que la muerte te ronda?

No hablo de la típica imagen que adorna este post, aquel esqueleto enfundado en una túnica negra y una guadaña bien afilada. Hablo del concepto. Hablo del fin de tu vida. Y de “algo”, que viene a quitártela.

A mi me ha pasado un par de veces. Quizás tres. Es una sensación extraña y difícil de describir, que si te la tomas muy en serio te puedes poner algo paranoico. Seguramente no es mas que mi imaginación, pero se siente y se vive como cualquier otra experiencia que vivas, como algo real.

La última vez venía de participar en un curso de capacitación. Había terminado tarde, tipo 22:30 y conducía mi scooter a casa, no recuerdo exactamente a que altura, pero iba por Manuel Montt al sur, a algunas cuadras de Irarrazabal.

Me aproximo a un cruce débilmente iluminado y mientras disminuyo la velocidad busco letreros o semáforos que me impidan el paso.

Busco insistentemente, y en eso estaba cuando en un muro blanco que delimita la esquina opuesta, veo una sombra de varios metros de alto, de forma perruna y alargada, mas oscura de lo que me pareció correspondería considerando la mala iluminación, cruzando de un extremo a otro, perpendicular a la dirección en la que voy, como buscando interceptarme.

Bueno, fue la impresión que me dio. Que mas subjetivo que este post.

Y no fue miedo lo que sentí. Tampoco impaciencia. Fue una suerte de verdad absoluta, de esas que solo puedes asumir. Y esa verdad no era que me iba a morir, no era un presagio. Era una advertencia. O te cuidas, o te llevo. That’s all.

Y así lo hice, y llegue bien a casa.

Y al tiempo lo dejas pasar y lo vas olvidando.

Pero si por alguna casualidad lo recuerdas te preguntas si le debes algo a alguien. Y que quizás sin saberlo, tal vez, engañaste a la muerte.

Y como homenajeando a Tito, te acuerdas que la muerte va por debajo de la enramada.