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Grandes momentos deportivos

La foto la obtuve del Web Album de Egre81.

Debo haber tenido unos 15 años y era un entusiasta de los deportes. Practicaba basquetbol, voleibol y atletismo. Por mi contextura fí­sica (1.70 1.69 mts y mas bien “anchito de espalda”…) mis amables entrenadores me destinaban a lo que me parecí­an labores menos destacadas dentro del deporte en cuestión. Osea: levantador en volei, armador en basquet, y lanzador de cosas (bala, disco y jabalina) en atletismo.

Siendo franco, un deportista destacado nunca fui, pero me alcanzó para figurar dentro de los equipos titulares. Nunca brillé al interior del equipo, fui del montón, hasta que el destino me dio la oportunidad.

Competía en un campeonato comunal en el estadio de La Florida, y luego de participar en las disciplinas que suponían ser mi especialidad pero donde nunca gané ningún reconocimiento (bala y javalina), me quedé vagando sobre el pasto viendo al resto de mis compañeros intentar sacar la cara por el colegio. Y la verdad, no lo hacían muy bien que digamos. En tres palabras, barrí­an con nosotros.

Y en eso estaba, aburrido, cuando el profesor de educación fí­sica (en reemplazo de nuestro entrenador de atletismo, que a su vez era el profesor de Música y que por algún motivo no fue aquel sábado) me llamo para conversar a un costado de la cancha.

De aburridos (uno se aburre de tanto esperar para perder), estaban armando un grupo para correr la posta 4×4, es decir, 4 personajes corriendo cada uno 400 metros, lo que es una vuelta a la pista. Para quien no ha corrido nunca los 400 metros le informo que es una carrera de velocidad.

Su idea era formar conmigo y otros tres el equipo para postas, compuesto finalmente por solo un velocista (para los últimos 400 metros), un fondista (que corrió los primeros 400), un lanzador (yo, que corrí tercero) y un principiante que duró 2 semanas en el equipo y se retiró.

En este tipo de circunstancias uno se repite incesantemente y a modo de motivación la famosa frase “lo importante es competir”. Como varios nunca habiamos corrido postas (así­ como cualquier otro tipo de carrera a nivel competitivo), nos dedicamos unos 10 minutos a entrenar el pase del palito (testigo) de uno a otro. Es toda una ciencia, porque si el testigo cae, hasta ahí­ llega el equipo.

Minutos después el fondista se preparaba para comenzar nuestra odisea. Suena el disparo y vamos corriendo. Hay que perdonar al fondista, las carreras de velocidad están lejos de ser su territorio. Al finalizar sus 400 íbamos últimos y nos sacaban unos 10 metros de ventaja.

Al fondista le siguió el novato, que casi pierde el testigo en el traspaso. No lo hizo tan mal, solo nos aventajaron 15 metros más.

Y vino la parte mas trágica. El “anchito de hombros” encabezaba las apuestas para aumentar la distancia a 50 metros. Toda la hinchada que miraba desde las gradas había abandonado las esperanzas.

Durante la semana que siguió a la carrera, el entrenador hizo la siguiente reflexión: “Es curioso como los de patitas cortas las mueven tan rápido”.

Comencé a correr a todo dar. Se me iba la vida en ello, zancadas largas y rápidas, que poco a poco fueron estrechando la distancia con quien me antecedía, hasta ponerme a su lado, para luego dejarlo atrás. Así­ les fui dando caza uno a uno, y de paso quemando toda reserva de energía cuando aún quedaban 100 metros y 3 corredores aventajándome.

Terminando la 2 da curva con 80 metros por delante, siento que las piernas, los pulmones y la cabeza no me dan mas. Los oídos tapados, la mirada turbia por la transpiración que me inunda los ojos y el mareo del agotamiento extremo. Siento trastabillar.

Fue en ese instante cuando me puteo a mi mismo y obligo a mis piernas a quemar los músculos si fuera necesario para recorrer el tramo que queda. Da lo mismo llegar 4to, cuando lo importante es llegar.

Fotografía vía Historia del Atletismo

Fotografía ví­a Historia del Atletismo

Aprieto y no aflojo el paso, mientras los otros no lograban ocultar el cansancio, pasé al 3er puesto, y poco antes de entregar al testigo, pasé al 2do. Por delante y con gran ventaja, quien resultara ganador indiscutido disfrutaba del buen trabajo de su equipo.

No pude sentarme durante varios minutos. Necesitaba estar de pie para que los pulmones atraparan todo el oxigeno que les fuera posible y así­ normalizar todo el sistema.

Terminamos 2dos la carrera, y el equipo completo (mucho mas que los 4 que corrimos) corrieron a celebrarnos, en especial a mí. Fui la estrella aquella tarde y la semana de entrenamientos que le siguió.

Luego de ese año no volví a competir, pero lo cierto es que aprendí algo muy importante de mi personalidad: Mis segundos aires son de puta madre.