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La necesidad de devorarlo todo

Practicamente todos los meses vemos empresas como Google, Facebook, Amazon y todas estas grandes de la tecnología hacen crecer su negocio comprando a competidores para ampliar su capacidad productiva y ganar base de clientes, comprando pequeñas startups para absorver sus innovaciones y adquirir capital intelectual de alto valor, y finalmente predandose – porque hace rato dejamos atras lo de la competencia – unos a otros creciendo verticalmente en vez de facilitar y potenciar la integración.

Me parece curioso que tipos de poco mas 50 años los mayores (Bezos, de Amazon, nació el 64, los fundadores de Google, Serguéi Brim y Larry Page son del 73, Zuckerberg el 84, de Yahoo, Jerry Yang y David Filo, el 68 y el 66 respectivamente) son reconocidos como hombres de negocios tremendamente exitosos, pero no conformes con esto aprovechan las enormes espaldas financieras que sus empresas han alcanzado para sacar la chequera y darse a las compras para crecer, convirtiendose y consolidando monstruos gigantes, dejando muy en el olvido aquel garage junto a la casa de los padres para pasar a un campus de 260.000m2 para 12.000 colaboradores. Pareciera que el éxito de tu empresa se obtiene a punta de fuerza bruta y a costa del resto, ya sea por omisión como por acción.

Le sigo dando vueltas a esa necesidad imperiosa de devorarlo todo: competidores, startups, proveedores, clientes, empleados, competidores indirectos, entidades gubernamentales, pueblos y ciudades, lagos, mar y cordillera, desierto y el ártico, en fin, ecosistemas completos.

Un apetito que parece cimentar un sistema saturado: las empresas dében crecer infinitamente sin encontrar nunca limites, y muchas veces sin siquiera reconocer ética que plantee reparos suficientes a lo que un Retorno atractivo pueda decirnos. Claro, podrán ser los menos (mas bien parece que no nos enteramos de todos los casos), pero el punto es que pareciera ser que las distintas tendencias en management solo se hacen cargo de abrirte el apetito y orientarte en como ser más rentable, y hasta ahí llegamos. Y en este tema hay mucho paño que cortar, basta con recordar la polémica que rodeó a los Ingenieros Comerciales de la UC hace solo unos pocos meses.

¿Acaso no hay alguien que planetée algo distinto? ¿Acaso no hay alguna tendencia en el management que pregonga un crecimiento a escala humana, en armonía con las necesidades de tus colaboradores (porque no todo es la remuneración, también importan los horarios, la confianza, el espacio y la gentileza), tus proveedores (paga lo que corresponde y cuando corresponda), tus partners (potenciando y no predando) y tu competencia (éticamente!).

Afortunadamente, lo hay.

Viendo algunos TED me topé con uno de Ricardo Semler, titulado “How to run a company with (almost) no rules”, algo así como “Cómo dirigir una empresa (casi) sin reglas”, donde se atreve a decir algo tan cierto que resulta inspirador:

¿Cuál es la decisión más inteligente? Decíamos cosas como venderás 57 dispositivos por semana. Si los vendes para el miércoles, por favor, vete a la playa. No nos crees un problema de fabricación, de aplicación, si no tendremos que comprar nuevas empresas, comprar a los competidores, tendremos que hacer todo tipo de cosas porque vendes demasiados dispositivos. Así que ve a la playa y empezamos el lunes de nuevo.

Ricardo Semler

Y ese parece ser el quid de la cuestión. ¿Hasta donde necesitamos crecer? ¿Hasta donde llegue nuestra codicia? Lo que plantea Semler en la charla es bastante mas amplio de lo que intento abarcar con este post, pero me da luces de como dar respuesta a esta pregunta. Habla del como fomentamos la sabiduría no solo en la empresa, también en la escuela y por supuesto, en la vida. Y lo hace amparado en su propia experiencia estampada en sus libros, la que se basa en 4 pilares:

  1. Cualquier colaborador puede participar del proceso de toma de desiciones.
  2. Todos los miembros de la organización son responsables de los resultados.
  3. Los beneficios se reparten entre todos los miembros, independiente de su posición.
  4. Para que estos 3 principios funcionen, se necesitan: muy pocas limitaciones, mucha flexibilidad y, sobretodo, integridad.

De aquí se desprenden todo un estilo de management que expica y desarrolla en sus libros (a los que les sigo la huella, no logro dar aún con ellos) Radical, The Seven-day weekend y Maverick!.

Pero volviendo al tema, ¿hasta donde necesitamos crecer? ¿Debemos devorarlo todo? ¿Es tanta nuestra necesidad que no basta con comernos casi toda la torta, debemos comernos las otras tortas?

Este apetito desmedido me recuerda una escena de “El Viaje de Shihiro”, donde Kaonashi (Sin Rostro), furioso porque Shihiro no acepta sus regalos, comienza a comer y a devorar todo lo que los seres de los baños le presentan como ofrenda y de la que esperan como pago aquél oro falso. Kaonashi devora no solo las comidas, luego de un nuevo rechazo de Shihiro, devora también a estos seres convirtiendose en un monstruo enorme y pesado, pues nada, absolutamente nada lo satisface y sin embargo, nunca deja de comer.

Entonces, ¿hasta donde necesitamos crecer?

Me quedo con la recomendación de Semler en la charla, pues éso solo lo podemos responder haciendo acopio de una profunda sabiduría. Entonces, a fomentarla!

Obama promete OpenOffice para las oficinas federales

Esta noticia debe tener a todos muy nerviosos en Redmond.

Uno de los blogs de PC World comunicó los planes del candidato demócrata a la casa blanca de estandarizar en las oficinas federales el uso de la suite de ofimática OpenOffice.

Según el blog, esto fue lo que Obama piensa:

OpenOffice.org es Libre y robusto y suficiente para el 99% de las necesidades del gobierno…. Lo que obtendrá las oficinas federales es un segundo cheque de estimulo económico. Obtendrás mayor productividad a menor costo, borren eso, mayor productividad sin generar costo alguno.

Ahora a esperar la arremetida de Ballmer y sus huestes del infierno amiguis.

Vía Linux Para Todos.

El Hotel móvil que recorre Chile

Rolling Hotel

Acabo de leer en la revista Paula (creo que Pamela la deja en el baño con el desleal propósito de desincentivar mi lectura en dicho recinto… que ilusa!) un articulo sobre Rolling Hostel, una suerte de hostal rodante que se pasea turistas europeos por nuestra querida, larga y angosta faja de tierra.

Y la historia es bastante simple: Un chileno que se encontraba estudiando en el viejo (y apolillado) continente, se hace amigui de un belga que anda en sus mismos pasos. Luego, el amigui viaja a Chile y se enamora (como no) de sus paisajes y su gente, y juntos se les ocurre montar una Hostal en ruta que recorra la patria de norte a sur y de este a oeste, acarreando sobre sus ruedas a quien esté en condiciones de adquirir uno de sus tickets.

Así que Rolling HotelCompraron una micro Mercedez Benz del 93 dada de baja por el transantiago (cof!!, cof!!!), la enchularon (cof!!!, coooffff!!), le pusieron comedor, cocina, un baño, 15 cómodas butacas e instalaron a un ex chofer de micros al volante.

Viajar a bordo de Rolling Hostel te da la posibilidad de entrar en lugares naturales deshabitados y pasar la noche allí, al costado de enormes glaciares, lagos de montaña y geisers volcánicos o en medio del desierto.
Rolling Hostel te da la posibilidad de conocer Chile de una forma práctica y cómoda, ya que no tienes que esperar en las estaciones de buses para conexiones a otras ciudades, cargar todo el tiempo tu equipaje ni lidiar con la problemática de cómo llegar a esos sitios donde los medios de transporte públicos son poco frecuentes o simplemente no existen.

El proyecto es tan interesante que según su sitio web las próximas 2 salidas ya se encuentran casi completas, por lo que han buscado y conseguido financiamiento Corfo con el propósito de ampliar la flota (y no les vendría mal una renovación de la micrito, aunque está bien enchulada), y por supuesto los recorridos.

Me parece una increíble iniciativa, me encantó la idea. Siempre me ha gustado el turismo de carretera, pero con 2 niñas pequeñas veo imposible hacer un viaje así (que además dura 22 días).

Si alguien tiene la dicha de hacerlo, que cuente como le fue!.