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Santiago X

En la zona de contacto publicaron un excelente reportaje (me esta sorprendiendo la zona, cada vez leo mejor material) que relata la infiltración de un reportero en las huestes neonazis capitalinas.

Le explico del grupo que soy, pero no hay caso. Un N.S muy afectado, como de metro ochenta e hinchado en músculos, lagrimas en los ojos, se abalanza sobre mí: “¡Quién eres!, ¡quién eres!, ¡de dónde soi!”, me grita, mientras otros camaradas le detienen el paso. Conservo la calma. Sé que si corro o me asusto, me van a salir persiguiendo. Así que me despido sin hacer ningún saludo nazi y me voy caminando lentamente.

Sinceramente creo que hay que estar medio tocado para ser neonazi. Te creo alguna ideología que recoja algo, o que se inspire en… pero de ahí a lo que estos tipos hacen, es mucho.

El ser hombre

Ayer le pagué $45.000 a un tipo que terminó diciendo que le impresionaba mi fuerza interior. Esto porque teniendo todo para terminar “perdido” por la vida, no lo hice.

También dijo que el “chico bueno” no me sale innato. Mas bien es una lucha constante entre dos personajes: Uno descarriado, flojo, reventado, drogo, lujurioso del tipo pajero compulsivo, hediondo a sobaco y patas y sumamente narcisista. El prototipo del canalla.

Y el otro, el que sabe quien quiere llegar a ser en la vida. O al menos sabe quien no quiere llegar a ser. Notese que no hablo del “que”, si no del “quien”.

Aún no tengo del todo claro si esta teoría es del todo cierta. Pero me hace mucho sentido.

La pereza la llevo en la sangre, la lujuria en las hormonas y el gula en el hígado. Algunas cosillas en la mente y una que otra en el corazón. Y lo demás a ratos lacerando el alma.

Lo cierto es que aquella lucha no la gana ni el uno ni el otro. Porque no soy un descarriado, pero si algo narciso.

La caricaturización puede ser un poco exagerada, pero no por eso es menos cierto que nos vemos enfrentados a un nuevo paradigma, una nueva forma de ser hombres. Y no estoy del todo seguro que contemos con las herramientas para enfrentarnos a esta nueva forma de vivir nuestra masculinidad.

El ser hombre se lleva en los genes (por algo te crece un pene), pero fundamentalmente se enseña. Y te lo enseña la generación que te precede. Tu viejo, tus tíos, tu abuelo o cualquiera que cumpla un rol viril en tus primeros años.

Y ahí hago memoria…

Y los hombres que recuerdo tienden a obedecer el patrón del “canalla”, o simplemente estuvieron ausentes en ese periodo de mi vida, o nulos desde el punto de vista paternal-educador.

Entonces defino a que me refiero con esto del “ser hombre”.

Primero que nada, no me refiero a todas esas modas yuppies, metrosexuales, metroemocional, übersexuales, hombres alfa y beta, tecnosexuales ni retrosexual, entre otras cosas raras que va inventando tan distingida profesión como es la psicología.

Hablo del simple (pero extremadamente difícil) acto de hacerse cargo. Hacerte cargo de ti. Hacerte cargo de tus sentimientos. De tus necesidades, de tus instintos, de tus impulsos. De tu sexualidad. De tus defectos. Hacerte cargo de tu familia. De tu pareja, de sus demandas hacia ti en todo ámbito. De tus hijos, de tu paternidad. El hacerse cargo de tus errores, faltas y omisiones. Y tambien hacerte cargo de tus virtudes.

No, no es simple.

Pero es lo que he intentado hacer durante toda mi vida. Hacerme cargo. Aveces con éxito y otras fracasos rotundos.

Pero ese es el hombre que quiero ser, aunque me cueste.

Hijos de la democracia

hijos de la democracia

Creo que fue mi generación la que marcó el “no estoy ni ahí” como emblema de vida. Los adolecentes de principio de los 90.

En mi época escolar era tan “gil” que mi postura política se limitaba a aborrecer a Pinochet. Y no logro recordar si tenía algún juicio sobre la educación en Chile, la PAA (predecesora de la PSU) o las políticas publicas en general o en particular.

En el colegio lo que nos enseñaban en Educación Cívica nos lo quitaban ahogando cualquier tipo de iniciativa estudiantil “extra programática”. Opero algún centro de alumnos pero nunca hubo elecciones. Básicamente era un montaje de la dirección del colegio para gestionar carretes “sanos” y mantener a los mas políticamente inquietos entretenidos en algo.

Ahora veo a estos niños y me dan ganas de ser uno de ellos. Me contagian con su lucha aunque no estoy de acuerdo con todas sus demandas. Lo importante es luchar por lo que crees. Luchar por algo.

Tienen tanta fuerza que lograron cambiar la agenda de gobierno. Tienen la simpatía de la ciudadanía y la atención de los políticos y de la prensa. Y ninguno de ellos ha de tener mas de 18 años.

Increíble, cuando menos nos lo esperábamos, un grupo de niños nos remese y nos hace pensar en nuestros derechos y obligaciones. En la organización ciudadana, en los gremios, asociaciones de consumidores y vecinales. En aquello que precisamente los chilenos le tenemos algo de aversión después de una dictadura que aplastó y pulverizó al ciudadano.

“Hijos de la democracia” oí que les decían.

¿No te suena a insulto?

Foto vía La Tercera.

Todas iban a ser reinas…

CenicientaDesde siempre intentamos criar a nuestras hijas alejadas de aquellos símbolos “imperialistas yankies”. No se trata de inculcar odios, simplemente no las llevamos a McDonnalds y esas cosas. Evitamos exponerlas a aquellas influencias.

Consecuentemente, también hemos evitado las películas clásicas de Disney. Porque no están dentro de nuestra visión del rol de la mujer, y toda esa paja del príncipe azul y la tontorrona esperándolo. Ya muchos han hablado de aquello, de como crecimos con estos cánones y patrones conductuales denigrantes para la mujer y exigentes para el hombre (si es que alguno se – o al menos intentó – poner la chapa de príncipe azul que no fuera salvo para la tarea de conquista).

Y eso iba bien.

Martina no suscribe dichos cánones. No tiene Barbies, no pide ir al McDonnal’s, no le interesan las tonteras del ratón mamón Mickey, etc. Y es una niña feliz. Y a Emilia pensamos llevarla por el mismo camino.

Bueno, y todo iba bien hasta que en el cable comenzaron a transmitir el Disney Channel dentro de la programación base. Lo cierto es que hemos visto varias películas buenas y seriales muy entretenidas, como Toy Story o mi serie favorita, Little Einsteins.

Pero también transmiten de lo otro… princesitas desdichadas y principitos hediondos a feromonas quinceañeras.

Hace solo unas horas, vio el final de La Cenicienta, solo el final, los últimos 15 minutos. Y le gustó. Los ratoncitos robándole la llave a la malvada Madrastra mientras los pajes reales intentan calzarles la zapatilla de cristal a las estúpidas hermanastras. Le gustó, se quedo mirando con atención y se sonreía, y comentaba que el gato se portaba mal con el ratoncito y que el perro asustó al gato.

Y le gustó, y yo la miraba con una tremenda impotencia… y bueno. Debo acertarlo. Ella también quiere dentro de su inmensa inocencia, ser princesa. Y algún día querrá a su príncipe azul. Al que de seguro le haré la vida imposible, pero ella lo querrá igual. Y Emilia querrá al suyo. Al que de seguro también le haré la vida insoportable.

Ya terminando el “clásico animado” y yo aceptando mi (nuestra) trágica derrota, los recién casados se suben a su carruaje y huyen de la muchedumbre que los vitorea, como en aquellos cuentos: “y vivieron felices para siempre”.

Y en eso Martina hace su comentario final, el que me libera de aquella desagradable presión en el pecho: “Se van al pantano papá!”.

Y por fin reí. Me volvió la esperanza!

Gracias Shrek!!

Fin al binominal

Vota NO al sistema binominal, SI a la iniciativa ciudadana No soy muy asiduo a movimientos sociales. No suelo sospechar ni ver dobles intensiones pero prefiero evitar la sola posibilidad de que eso ocurra.

Sin embargo, no puedo si no suscribirme a la iniciativa del periódico elciudadano.cl que busca reunir firmas para manifestar nuestro rechazo al sistema binominal.

Les copio parte de la presentación de la iniciativa.

Las firmas, mediante el formulario puesto en red, servirán para pedir la suma urgencia a un proyecto de iniciativa ciudadana del que escribiéramos en la edición Nº 24 de nuestro medio y que, según el plan de gobierno de Michelle Bachelet, dice que: “incentivaremos la iniciativa popular de ley en todos aquellos ámbitos que no sean de la exclusiva iniciativa del Presidente de la República, como las que implican gasto o se refieran a materias tributarias o internacionales.

De este modo, un conjunto significativo de ciudadanos podrá colocar en la discusión del Parlamento asuntos de su interés. El ciudadano tendrá las mismas facultades legislativas que sus representantes, diputados o senadores”.

Evidentemente ya firmé.

Sobre la fe

Leía en el blog de Galgata un post titulado Dios tenía email, donde relata una vieja practica que tiene. La de escribirle emails a Dios.

Jamás lo he hecho. Y creo jamás lo haría. Me sentiría ridículo revelando mis más profundos secretos a la nada misma en el cyberespacio. Bueno, digo nada desde el punto de vista físico. Considera que esto viene de alguien que no cree mucho que digamos.

Por eso no rezo. Tampoco le hablaría a un cura, no lo veo con autoridad como para aconsejarme (ni menos para juzgar mis actos, si es que lo hacen).

Para eso recurro a un amigo, a mi familia, a mi mujer (que es mi mejor amiga). Ellos cumplen con la función de autoridad cuando necesito ser orientado a punta de charchazos. A ellos les respeto la opinión. Es a ellos a quienes de vez en cuando presto oídos y agacho el moño y admito que me equivoco.

La diferencia es que no estarán -necesariamente- siempre conmigo. Eso es algo que no puedo pedirles.

En cambio, para aquellos que tienen fe el mundo es distinto.

Ellos nunca están solos. Siempre tienen su Dios y su fe. Y siempre tendrán un hombro y un consejo (que en muchísimos aspectos no coincide con el mío… lamentablemente) para aquellos momentos donde se hace más necesario.

Que envidia. Pero de la sana eso sí.
Si señor.
Amén.

Archivos secretos de la iglesia católica

BibliotecaHace algún tiempo leí El Código de Da Vinci. Me gustó el libro, entretenido, ágil. Te mete en la trama y propone abierta y masivamente una teoría que si bien ya tiene sus años, no era conocida por la mayoría.

Bueno… Yo no la conocía. En este libro, y en particular en la primera obra de Dan Brown, Ángeles y Demonios, se habla bastante sobre los secretos del Vaticano y en particular sus archivos secretos. Y si que da curiosidad. Tener acceso a tal información es realmente alucinante. Y bueno, Dios oyó a los infieles, y nos concedió el deseo. El Vaticano desclasificó sus archivos secretos. Es decir, parte de sus archivos secretos fueron publicados (en italiano e ingles) en su sitio web. Son 800 años de historia de la iglesia católica.

Puede verse el pergamino de absolución del Papa Clemente a los superiores de los Templarios de 1308, la carta autógrafa de Miguel Ángel Buonarroti al obispo de Cesena de enero de 1550, o las actas del proceso contra Galileo Galilei desde 1616 a 1633.

Y bueno… a investigar!

Yo esperaré a que alguien haga un buen resumen.

Vía TecnoChica