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Maltrato animal

Julieta y Mako
Julieta y Mako

Adoptamos una cachorra nueva de poco menos de 2 meses de edad, la que duerme dentro de casa, incluso sobre las camas, y hace caca y pichí en dónde se le planta en gana.

Todas mis mañanas comienzan recogiendo 3 o 4 mojones que adornan pasillo, dormitorios y living comedor.

Hemos probado con esos pañales de papel-tela que se ponen en el piso y gotas de entrenamiento pero nada funciona. Ya bastante podrido con los problemas de salubridad, comencé con estrategias de la vieja escuela, algo que algún siútico catalogaría de conductivismo pero que en el fondo no es más que la vieja reprimenda, el castigo ante conductas no aceptadas.

Lo primero fue sacarla al patio. Esto obviamente no le gustó nada a la cachorra que se puso a llorar y a rasgar el ventanal, y la mal entendida piedad de las féminas de esta casa – es que hace tanto frío, es que quiere apapachos, es que… es que – , la entraron a los 20 minutos. Ojo, por la perra no solo intercedía Julieta – que era la única niña en casa en ese momento -, también la adulta quien terminó dejándola entrar y metiéndola en su cama.

En fin, la perra siguió con su conducta hasta que simplemente me hartó. Se meó en medio del pasillo, se sentó sobre el meado y luego con sus patitas peludas esparció orines por todas partes.

Así que la tomé, la llevé al charco, le puse la nariz sobre el líquido amarillo y le dí una palmada en las ancas mientras le decía con voz autoritaria – como él macho alfa lomo plateado que soy – “NO”.

La cachorra se asustó, chilló y lloró.

-Papá!!! – grita Julieta desde uno de los dormitorios, con una profunda indignación, tanta que sus ojos se llenaron de lagrimas.

Yo seguí retando a Mako, pero ya la había liberado del yugo opresor del lomo plateado.

-Papá!, no puedes pegarle a la Mako, yo te ví, eso está mal, es maltrato animal! voy a llamar a los carabineros!! – me gritaba Julieta indignada desde la habitación, envuelta en la más profunda pena de que su papá aplicara violencia en contra de un ser tan indefenso como su Mako.

Y nada… no llamó a los pacos, Pamela, Emilia y yo tuvimos que explicarle que solo le había dado una palmada y que seguramente ya ni se acordaba, pero ninguna de estas explicaciones resultó suficiente para ella, obstinada como es, seguramente no me la perdone en mucho tiempo.

The eagle never lost so much time as when he submitted to learn of the crow

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Desempolvé mi viejo iPod – las mudanzas suelen regalarte reencuentros maravillosos contigo mismo -, le conecte un parlante y puse el soundtrack de Dead Man, ese anti-western de Jim Jarmusch que me voló la cabeza cuando rondaba los 18.

Me paré frente al espejo del baño, recorté un poco la barba, alineé el bigote y jugué con las marcadas bolsas que tengo bajo los ojos. Me desnudo y meto a la ducha. El agua caliente y el jabón me limpian la mala noche.

Los rasgueos y distorsionados riffs de Niel Young siguen sonando mientras dejo que el viento frío, húmedo y salado entre por la venta. Lleno mis pulmones de ese aire, me dejo reconfortar con el agua caliente.

No llevo oído ni la mitad del disco y ya debo salir y enfrentar lo que sea que tenga que enfrentar tras esa puerta.

Corto el agua, el frio me amenaza y oigo a las niñas afuera discutiendo por alguna tontería.

Un dialogo del soundtrarck. “The eagle never lost so much time as when he submitted to learn of the crow” le recita Nobody a Blake. Luego viene el teclado y la guitarra.

Subo el volumen y me convenzo… aún me quedan algunos minutos.