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Mi relación con la soledad

Koyo: Se fue lejos, muy lejos. Cuando conversamos, lo hacemos más que nada de sus situaciones diarias. Por teléfono, y eso no es algo muy personal, no hay un abrazo ni una mirada de comprensión. La verdad es que lo extraño mucho, ojalá estuviera acá.

Vimpi: se fue del país hace como 30 años y el tiempo y la distancia nos alejaron. La última vez que nos vimos (hace ya varios años), ya no teníamos nada de que hablar. Nuestras vidas, experiencias, familias, flanquearon una distancia que ya no podemos salvar.

Chili: se fue a otra ciudad y mantuvo una vida adulta muy parecida a la que teníamos cuando fuimos amigos, cuando solo éramos unos chiquillos. Yo cambié, crecí y maduré de otra forma. También terminamos por alejarnos.

Andrés: tuvimos diferencias por un negocio y cortamos la relación. No me dolió tanto, pero los años y la soledad me han hecho extrañar el tiempo en que fuimos amigos y de todo lo que nos quisimos.

Pato: me traicionó por una pega y corté relación con él. Me dolió la traición, pero más me dolió perderlo.

No tengo claro si soy o no un buen amigo. A los 5 anteriores, les hice bulling, pero no creo que los haya maltratado, pero si de alguna u otra forma y en más de una ocasión, no fui empático con sus sentimientos. Eso siempre lo entendí como propio de las relaciones de amistad entre hombres, seguramente es un camino de deconstrucción que aún tengo pendiente.

Lo que si tengo claro es que no cultivo las amistades. Más bien no cultivo las relaciones. Me cuesta mucho hacerlo, no es algo que me nazca fácilmente, y debo intensionarlo cuando me hago consciente del error que estoy cometiendo. Mi madre me ha dicho infinitas veces que soy un hijo ingrato. No cultivé ni cuidé lo suficiente mi matrimonio ni tampoco cultivé otras relaciones de pareja importantes o no importantes que tuve. Todo termina muriendo. Todas estas relaciones terminan extinguiéndose y al final, mucho después, termino sintiéndome solo. Muy solo.

¿Pero no es que me gusta tanto la soledad?

Si, me gusta. Me gusta estar conmigo mismo. Me gusta hacer planes y no tener que transar con nadie. Me gusta llegar a mi casa y no encontrarme quién interrumpa y me saque de mis cavilaciones. Me gusta no necesitar a nadie. Pero, ¿realmente no necesito a nadie?

La soledad es mi droga. Si no la tengo por mucho tiempo, la anhelo, me da angustia – esa emoción que hoy está tan de moda – e incluso sufro de abstinencia. No tolero mucho tiempo las reuniones sociales, me incomodan he incluso me pongo mal genio. Eso no es algo que el común de la gente comprenda, de hecho, personas con las que he salido no lo han logrado comprender jamás.

Pero por la otra parte, cuando la soledad me encuentra, me aíslo tanto tanto, que la soledad pasa a ser parte de mi y convivo con esta sobredosis de aislamiento, me empapo de ella y no soy consciente de ello hasta que, ya sea porque alguien me lo reclama, o más bien, me lo grita en la cara, o porque no soy capaz de dar con la solución a mis eternas reflexiones, por mucho que esté ahí frente a mi y necesito que alguien me lo escupa en la cara, que me doy cuenta que me he quedado solo. Muy solo.

Tan solo, que necesito escribir esto acá, porque no tengo con quién conversarlo.

La soledad es mi droga. Me llena de éxtasis y felicidad, pero siempre termina pasándome una cuenta que no solo me afecta a mí, también a quienes he abandonado en el camino.

Maltrato animal

Julieta y Mako
Julieta y Mako

Adoptamos una cachorra nueva de poco menos de 2 meses de edad, la que duerme dentro de casa, incluso sobre las camas, y hace caca y pichí en dónde se le planta en gana.

Todas mis mañanas comienzan recogiendo 3 o 4 mojones que adornan pasillo, dormitorios y living comedor.

Hemos probado con esos papeles de papel-tela que se ponen en el piso y gotas de entrenamiento pero nada funciona. Ya bastante podrido con los problemas de salubridad, comencé con estrategias de la vieja escuela, algo que algún siutico catalogaría de conductivismo pero que en el fondo no es más que la vieja reprimenda, el castigo ante conductas no aceptadas.

Lo primero fue sacarla al patio. Esto obviamente no le gustó nada a la cachorra que se puso a llorar y a rasgar el ventanal, y la mal entendida piedad de las féminas de esta casa – es que hace tanto frío, es que quiere apapachos, es que, es que – , la entraron a los 20 minutos. Ojo, por la perra no solo intercedía Julieta – que era la única niña en casa en ese momento -, también la adulta quién terminó dejándola entrar y metiéndola en su cama.

En fin, la perra siguió con su conducta hasta que simplemente me harté. Se meó en medio del pasillo, se sentó sobre el meado y luego con sus patitas peludas esparció orines por todas partes.

Así que la tomé, la llevé al charco, le puse la nariz sobre el líquido amarillo y le dí una palmada en las ancas mientras le decía con voz autoritaria – como el macho alfa lomo plateado que soy – NO!.

La cachorra se asustó, chilló y lloró.

-Papá!!! – grita Julieta desde uno de los dormitorios, con una profunda indignación, tanta que sus ojos se llenaron de lagrimas.

Yo seguí retando a Mako, pero ya la había liberado del yugo opresor del lomo plateado.

-Papá!, no puedes pegarle a la Mako, yo te ví, eso está mal, es maltrato animal! voy a llamar a los carabineros!! – me gritaba Julieta indignada desde la habitación, envuelta en la más profunda pena de que su papá aplicara violencia en contra de un ser tan indefenso como su Mako.

Y nada; no llamó a los pacos, Pamela, Emilia y yo tuvimos que explicarle que solo le había dado una palmada y que seguramente ya ni se acordaba, pero ninguna de estas explicaciones resultó suficiente para ella, obstinada como es, seguramente no me la perdone en mucho tiempo.

The eagle never lost so much time as when he submitted to learn of the crow

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Desempolvé mi viejo iPod – las mudanzas suelen regalarte reencuentros maravillosos contigo mismo -, le conecte un parlante y puse el soundtrack de Dead Man, ese anti-western de Jim Jarmusch que me voló la cabeza cuando rondaba los 18.

Me paré frente al espejo del baño, recorté un poco la barba, alineé el bigote y jugué con las marcadas bolsas que tengo bajo los ojos. Me desnudo y meto a la ducha. El agua caliente y el jabón me limpian la mala noche.

Los rasgueos y distorsionados riffs de Niel Young siguen sonando mientras dejo que el viento frío, húmedo y salado entre por la venta. Lleno mis pulmones de ese aire, me dejo reconfortar con el agua caliente.

No llevo oído ni la mitad del disco y ya debo salir y enfrentar lo que sea que tenga que enfrentar tras esa puerta.

Corto el agua, el frio me amenaza y oigo a las niñas afuera discutiendo por alguna tontería.

Un dialogo del soundtrarck. “The eagle never lost so much time as when he submitted to learn of the crow” le recita Nobody a Blake. Luego viene el teclado y la guitarra.

Subo el volumen y me convenzo… aún me quedan algunos minutos.