Leía en el blog de Galgata un post titulado Dios tenía email, donde relata una vieja practica que tiene. La de escribirle emails a Dios.
Jamás lo he hecho. Y creo jamás lo haría. Me sentiría ridículo revelando mis más profundos secretos a la nada misma en el cyberespacio. Bueno, digo nada desde el punto de vista físico. Considera que esto viene de alguien que no cree mucho que digamos.
Por eso no rezo. Tampoco le hablaría a un cura, no lo veo con autoridad como para aconsejarme (ni menos para juzgar mis actos, si es que lo hacen).
Para eso recurro a un amigo, a mi familia, a mi mujer (que es mi mejor amiga). Ellos cumplen con la función de autoridad cuando necesito ser orientado a punta de charchazos. A ellos les respeto la opinión. Es a ellos a quienes de vez en cuando presto oídos y agacho el moño y admito que me equivoco.
La diferencia es que no estarán -necesariamente- siempre conmigo. Eso es algo que no puedo pedirles.
En cambio, para aquellos que tienen fe el mundo es distinto.
Ellos nunca están solos. Siempre tienen su Dios y su fe. Y siempre tendrán un hombro y un consejo (que en muchísimos aspectos no coincide con el mío… lamentablemente) para aquellos momentos donde se hace más necesario.
Que envidia. Pero de la sana eso sí.
Si señor.
Amén.
Hace algún tiempo leí
cometido por Rodrigo Orias, el muchacho 




















Lo que me dijeron…
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