La gente de la SCD se está quedando sin argumentos… en especial Quique Neira.
Vía Difamadores.cl
Resistí hidalgamente y durante meses a sumarme a esta moda de las redes sociales. Pero terminé cayendo como los miles y miles de ociosos cibernautas que se rinden a los supuestos encantos de la sociabilidad virtual.
Caí mas que nada por la curiosidad que me provoca ver en acción eso de que tu metías tus datos en un formulario plagado de buenas prácticas de “usabilidad web 2.0″, indicabas tu año de graduación del colegio y/o universidad y al rato te llenabas de contactos hediondos a nostalgia.
Y las ganas de olfatear naftalina me ganó y lo hice: entré a facebook -el mas populoso de las redes sociales al menos acá, en esta larga y angosta faja de volcanes en erupción- confesé mi nombre, fecha de nacimiento, que cursé mi enseñanza media en el Colegio Shirayuri (cosa que no suelo hacer para ahorrarme un montón de explicaciones a preguntas que probablemente tu te estas haciendo ahora), mis años de estudio en el desaparecido CFT Itesa (ese que decía estar contigo y que era tu camino) donde obtuve mi titulo de Técnico Analista de Sistemas, mis estudios en la Universidad Mayor y claro, algunas de las empresas donde he trabajado los últimos años.
Luego aprobé las invitaciones que me habían enviado (que no eran pocas, o al menos eso creía yo) y comencé a buscar viejos compañeros de cualquiera de las instituciones que recién mencioné. Y fue ahí donde se me cayó facebook.
Nadie.
No se si es problema del buscador o es mi carácter antisocial-no-pesco-a-nadie que me caracterizó durante tantos años.
Como lo del carácter está en parte solucionado (eso me gusta pensar), de la Mayor encontré un par de compañeros, y vamos sumando primos, amigos, a mi madre y a Pamela. Con algo de trabajo y unos cuantos días después, 24 contactos.
En cambio Pamela se registró y solitos fueron llegando los amigos, ex colegas, compañeros y jotes. En un par de días (entendiendo por “un par” lo que matemáticamente es, osea 2) mas de 60 y sumando.
¬¬
Me queda la duda si su éxito se debe al efecto mina (rica), o lisa y llanamente soy y seguiré siendo un looser social.

Imagen original de Plataforma Urbana
Nadie que utilice regularmente el Metro de Santiago puede negar lo malo que está el servicio. Si bien nunca fui muy amigo del metro – eso de ir enlatado y bajo tierra jamás me hizo sentir muy cómodo – pero la cosa ahora ha tomado otros ribetes, y al igual que una buena cantidad de capitalinos me he tenido que acostumbrar no solo a las aglomeraciones, sino también a un montón de vicios que esto conlleva.
El metro es sin duda alguna el servicio mas damnificado del Transantiago, y con esta afirmación admito mi error al defenderlo en el pasado.
Pero esta entrada es para hacer mis descárgos siquiera al metro, si no a sus usuarios. Porque hoy se suceden un montón de situaciones que hasta hace poco estaban limitadas al transporte de superficie, a la realidad de otros países o para algunos programas de televisión que tratan sobre la vida de los animales en su estado mas salvaje.
Y esta es una pequeña lista de lo que mas me indigna:
Y eso es 2 veces al día, todos los días de la semana.
Yo me quiero ir a provincia.
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