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Nuevo viejo amigo

Cielo de San Pedro de Atacama

Ese día había comenzado temprano, absurdamente temprano, tanto que no me había duchado pues el agua, de tan temprano que era, nunca salio caliente, y no me apeteció darme un baño en agua fría (pues también fue una mañana absurdamente fría).

Eran las primeras horas de la tarde, esas en que el sol pega con mas fuerza, cuando agotado tras una mañana fría y absurda, me recosté sobre una banca de aquella plaza. Puse la mochila bajo mi cabeza y mientras miraba el cielo, azul intenso y rajado por nubes blancas que lo cruzaban apuradas, me dediqué a pensar si era correcto hacer eso a mis 39. Sería correcto hacerlo cuando pase los 40, a los 45 por ejemplo, o a los 50?

Seria correcto tirarme en la banca de una plaza, en plena tarde, mientras otros turistas que a duras podían decir “Chile campeón” en español y deambulaban buscando donde sentarse y descansar, luego de una mañana absurdamente fría y que ya duraba varias horas.

Eso me preguntaba y en plena divagación, absorto en el cielo y sus nubes cuando me llegó la respuesta, en forma de perro de esos homeless. Se me acercó con cara de perro feliz, como si fuesemos viejos amigos que nos encontramos tras de años de distancia, por lo que solo atiné, como cuando te saluda un desconocido en la calle, a devolverle el saludo, acompañado de un abrazarlo con el brazo que tenía libre y unas cuantas caricias que, mientras le decía “que eres lindo wueón”, retribuyó con un gemido con esa voz ronca que tienen los perros cuando agradecen un cariño, mas un pequeño mordisco en la mano.

Y si, era correcto. Es mas, da lo mismo si era o no correcto, era lo que en ese minuto, necesitaba, y quería. Tirarme en la banca para mirar el cielo.

El Hotel móvil que recorre Chile

Rolling Hotel

Acabo de leer en la revista Paula (creo que Pamela la deja en el baño con el desleal propósito de desincentivar mi lectura en dicho recinto… que ilusa!) un articulo sobre Rolling Hostel, una suerte de hostal rodante que se pasea turistas europeos por nuestra querida, larga y angosta faja de tierra.

Y la historia es bastante simple: Un chileno que se encontraba estudiando en el viejo (y apolillado) continente, se hace amigui de un belga que anda en sus mismos pasos. Luego, el amigui viaja a Chile y se enamora (como no) de sus paisajes y su gente, y juntos se les ocurre montar una Hostal en ruta que recorra la patria de norte a sur y de este a oeste, acarreando sobre sus ruedas a quien esté en condiciones de adquirir uno de sus tickets.

Así que Rolling HotelCompraron una micro Mercedez Benz del 93 dada de baja por el transantiago (cof!!, cof!!!), la enchularon (cof!!!, coooffff!!), le pusieron comedor, cocina, un baño, 15 cómodas butacas e instalaron a un ex chofer de micros al volante.

Viajar a bordo de Rolling Hostel te da la posibilidad de entrar en lugares naturales deshabitados y pasar la noche allí, al costado de enormes glaciares, lagos de montaña y geisers volcánicos o en medio del desierto.
Rolling Hostel te da la posibilidad de conocer Chile de una forma práctica y cómoda, ya que no tienes que esperar en las estaciones de buses para conexiones a otras ciudades, cargar todo el tiempo tu equipaje ni lidiar con la problemática de cómo llegar a esos sitios donde los medios de transporte públicos son poco frecuentes o simplemente no existen.

El proyecto es tan interesante que según su sitio web las próximas 2 salidas ya se encuentran casi completas, por lo que han buscado y conseguido financiamiento Corfo con el propósito de ampliar la flota (y no les vendría mal una renovación de la micrito, aunque está bien enchulada), y por supuesto los recorridos.

Me parece una increíble iniciativa, me encantó la idea. Siempre me ha gustado el turismo de carretera, pero con 2 niñas pequeñas veo imposible hacer un viaje así (que además dura 22 días).

Si alguien tiene la dicha de hacerlo, que cuente como le fue!.